Estaba cansado. Muy cansado. El día había sido largo,
agotador. Desde la mañana se había arrastrado por entre la
gente, sentía su propio cuerpo como una molestia, pesado, lento.
Había hecho bastante calor, a pesar de ser invierno. Sentía
la humedad que se le pegaba al cuerpo, sentía su respiración
pesada, lenta. Después de la tensión del día se le
hacía difícil entrar en la calma, en el relajamiento, en
la quietud. Sólo quería dormir, sentir las suaves sábanas,
apoyar la cabeza en la almohada y olvidarse de todo. Podía cerrar
los ojos, respirar profundamente, y hundirse en el colchón, protegido
por las sábanas, sumergirse más y más en un sueño
profundo, un sueño de calma y relajación, un sueño
reparador, justamente, reparador de lo que se había roto en el día.
Con los ojos cerrados, tratando de dormir, oía claramente
las canillas que goteaban, los autos y colectivos que pasaban por la calle,
oía su respiración, profunda, lenta, tranquila y pausada,
y oía con más claridad, ahora, esa voz que lo acompañaba
todo el día y que le decía qué tenía que hacer.
Podía oír a esa voz diciendo que se calmase, que tomara las
cosas con tranquilidad, que enfrentara sus problemas relajado, que se desconecte
por un rato de todo, le decía que se enfoque para adentro y olvide
sus problemas del día. Aún así escuchaba una segunda
voz, que le recordaba qué habá salido mal en el día,
le decía que habían cosas para ajustar y mejorar, esa voz
no quería que se quede dormido totalmente.
Así, con ese conflicto dentro, podía dormir, pero
no podía evitar pasar una película dentro de su cabeza. En
esa película podía verse a si mismo dentro de un gran salon,
iluminado por velas, un enorme candelabro lleno de velas, cientos de velas,
blancas, todas encendidas y emitiendo una luz anaranjada, un salon con
amplias paredes de madera, una gran alfombra roja, y sobre la alfombra
roja estaba él, sentado en un sillón, un sillón verde,
antiguo, con borlas de hilo blanco algo sucio colgando de sus bordes, ese
sillón estaba frente a una gran mesa redonda, de madera, con rayas
marrones oscuras y vetas casi negras, sobre la mesa habían fotos,
fotos de situaciones del día, cosas que le habían molestado.
Podía verse a él mismo viendose a él mismo dentro
de esas fotos, y se daba cuenta de que en realidad la situación
era más fácil de lo que parecía. Cada vez que agarraba
una foto, podía ver como una mini película de lo que había
pasado en esa situación, y podía pasarla de adelante hacia
atrás y de atrás hacia adelante, mirarla desde todos los
puntos de vista hasta que perdía casi totalmente el significado.
Así podía darse cuenta, mirando esa absurda película,
que en realidad había tratado de hacer lo mejor posible en esa situación,
y lo que le había molestado de esa foto en particular había
sido que no había logrado el objetivo que deseaba en esa situación
específica, así que con cada foto se ocupó primero
de buscar cual había sido su intención, qué era lo
que había querido lograr con lo que hizo y que luego le molestó
que no hubiese funcionado. Sabiendo esa intención, era fácil
usar toda su imaginación, su creatividad, su locura, su inventiva,
para buscar no una, sino cinco formas distintas para lograr ese mismo objetivo.
Claro que con todas las fotos no podía llegar a cinco formas distintas
de hacer lo mismo, con algunas se podía imaginar sólo dos
y con otras podía imaginarse diez o más formas de hacer lo
mismo, de llegar al mismo objetivo de distinta forma. Algunas de las formas
que se le ocurrían eran ridículas o interferían con
otras cosas que ya sabía hacer bien, enseguida se daba cuenta de
eso porque aparecía una vocesita o una imagen o una sensación
molesta que le indicaban que había algo mal con esa alternativa,
y que debía buscar otra. Pero aún así, cada noche
era capaz de revisar todos los eventos del día, como fotos sobre
esa mesa de madera, y encontrar nuevas soluciones para los problemas de
siempre, o para los problemas nuevos que fueran surgiendo.
Y así al otro día se despertaba, sabiendo que ese
día podía ser mejor que el anterior, y sabiendo que no importaba
lo que pasara, a la noche, durmiendo, podía encontrarle nuevas soluciones
a los problemas del día y entonces aprender, realmente aprender,
de las oportunidades del día.
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Luna (Jean Chevalier - Alain Gheerbrant, diccionario de símbolos)
1. El simbolismo de la luna se manifiesta en correlación
con el del sol. Sus dos caracteres más fundamentales derivan, por
una parte, de que la luna está privada de luz propia y no es más
que un reflejo del sol; por otra parte, de que atraviesa fases diferentes
y cambia de forma. Por esto simboliza la dependencia y el principio femenino
(salvo excepciones), así como la periodicidad y la renovación.
En este doble aspecto es símbolo de transformación y crecimiento.
2. La luna es un símbolo de los ritmos biológicos:
«Astro que crece, decrece y desaparece, cuya vida esta sometida a
la ley universal del devenir, del nacimiento y de la muerte... la luna
tiene una historia patética lo mismo que la del hombre... pero su
muerte no es jamás definitiva... Este perpetuo retorno a sus formas
iniciales, esta periodicidad sin fin, hacen que la luna sea por excelencia
el astro de los ritmos de la vida... Controla todos los planos cósmicos
regidos por la ley del devenir cíclico: aguas, lluvia, vegetación,
fertilidad...»
3. La luna simboliza también el tiempo que pasa, el tiempo
vivo del que es la medida por sus fases sucesivas y regulares. «La
luna es instrumento de medida universal... El mismo simbolismo vincula
entre si la luna, las aguas, la lluvia, la fecundidad de las mujeres, la
de los animales, la vegetación, el destino del hombre después
de la muerte y las ceremonias de iniciación. Las síntesis
mentales posibilitadas por la revelación del ritmo lunar ponen en
correspondencia y unifican realidades heterogéneas; sus simetrías
de estructura o analogías de funcionamiento no habrían podido
descubrirse si el hombre primitivo no hubiera percibido intuitivamente
la ley de variación periódica del astro»
4. La luna también es el primer muerto. Durante tres noches,
cada mes lunar está como muerta, desaparece... Posteriormente reaparece
y aumenta en brillo. De la misma forma se cree que los muertos adquieren
una nueva modalidad de existencia. La luna para el hombre es el símbolo
de este pasaje de la vida a la muerte y de la muerte a la vida; también
se considera, en bastantes pueblos, como el lugar de este pasaje, al igual
que los lugares subterráneos. Por ello «numerosas divinidades
lunares son al mismo tiempo ctónicas y funerarias: Men, Perséfone
y probablemente Hermes...» El viaje a la luna o incluso la morada
inmortal en la luna después de la muerte terrenal se reservan, según
ciertas creencias, a los privilegiados: soberanos, héroes, iniciados,
magos
5. La luna es símbolo de conocimiento indirecto, discursivo,
progresivo, frío. La luna, astro de las noches, evoca metafóricamente
la belleza y también la luz en la inmensidad
tenebrosa. Pero no siendo esta luz más que un reflejo de la
del sol, la luna es sólo el símbolo del conocimiento por
reflejo, es decir, del conocimiento teórico, conceptual, racional;
por ello se relaciona con el simbolismo de la lechuza. También por
esta razón la luna es yin con relación al sol yang: es pasiva,
receptiva. Es el agua con relación al fuego solar, el frío
con relación al calor, el norte y el invierno simbólicos
opuestos al sur y al verano.
6. La luna produce la lluvia; los animales acuáticos,
profesa Huai-nan tse, crecen y decrecen con ella. Pasiva y productora de
agua, es fuente y símbolo de fecundidad. Se asimila a las aguas
primordiales de las que procede la manifestación. Es el receptáculo
de los gérmenes del renacimiento cíclico la copa que contiene
el licor de inmortalidad: por eso se la llama soma, como este licor. De
igual manera, Ibn al-Fand la considera copa que contiene el yin del conocimiento
y los chinos ven en ella la liebre que tritura los ingredientes que sirven
para preparar el elixir de vida; de ella procede el rocío que posee
las mismas virtudes.
7. En el hinduismo, la esfera de la luna es el término
de la vía de los ancestros (pitri-yana). Éstos no están
liberados de la condición individual, pero producen el renovamiento
cíclico Las formas adquiridas se disuelven en ella, las formas no
desarrolladas de ella emanan. Esto evoca el papel transformador de Shiva
cuyo emblema es una medialuna. La luna es además el regente de los
ciclos hebdomadario y mensual. El movimiento cíclico (fase creciente
y menguante) puede relacionarse con el simbolismo lunar de Jano: la luna
es a la vez la puerta del cielo y la puerta del infierno, Diana y Hécate,
y el cielo de que se trata es la cima del edificio cósmico. La salida
del cosmos se efectúa únicamente por la puerta solar. Diana
sería el aspecto favorable, Hécate el aspecto temible de
la luna.
8. La fiesta de la luna, cuya diosa es Heng-ugo, es una de las
tres grandes fiestas anuales chinas: tiene lugar en el decimoquinto día
del octavo mes, en la luna llena del equinoccio de otoño. El sacrificio
consiste en frutos, tortas azucaradas que se fabrican y venden en esta
ocasión y una rama de flores de amaranto rojo. Los hombres no participan
en la ceremonia. Es manifiestamente una fiesta de las cosechas: también
aquí la luna es símbolo de fecundidad. La luna es de agua,
es la esencia del yin; como el sol, está habitada por un animal,
que es una liebre o un sapo. Los pueblos altaicos saludaban la luna nueva
pidiéndole felicidad y suerte. Los estonios, los fineses y los yakutos
celebran los matrimonios en la luna nueva. También para ellos es
símbolo de fecundidad.
9. A veces la luna está afectada por un símbolo
nefasto. Para los samoyedo seria «el ojo malo» de Num (el cielo),
cuyo «ojo bueno» sería el sol. Entre los mayas, por
ejemplo, el dios Itzamna (casa del resplandor = cielo), hijo del ser supremo
se asimila al dios solar Kinich Ahau (Señor-Rostro del sol). Por
esto Ixchel, diosa de la luna, era su compañera, pero también
su aspecto hostil, malvado, que presenta los mismos rasgos que él,
aunque lleva sobre la frente una diadema de serpientes, atributo de las
diosas. La luna dirige la renovación periódica, tanto sobre
el plano cósmico como sobre el terrestre vegetal, animal y humano.
Las divinidades lunares comprendían entre los aztecas a los dioses
de la embriaguez, por una parte, ya que el borracho que se duerme y despierta
habiéndose olvidado de todo es una expresión de la renovación
periódica; por otra parte, porque la embriaguez acompaña
los banquetes, los cuales se celebran por las cosechas y son por tanto
la expresión de la fertilidad. Se vuelven a encontrar aquí
los ritos de siega, presentes en todas las civilizaciones agrarias. Los
aztecas llamaban a las divinidades de la embriaguez «los cuatrocientos
conejos». Es notoria la gran importancia del conejo en el bestiario
lunar. También entre los aztecas la luna es hija de Tlaloc, dios
de las lluvias, asociado igualmente al fuego. En la mayor parte de los
códices mejicanos la luna se representa con una suerte de recipiente
en forma de medialuna, lleno de agua, sobre el cual destaca la silueta
de un conejo. Entre los mayas es símbolo de pereza y licencia sexual.
También es la patrona de la tejeduría y, a este respecto,
tiene la araña como atributo.
10. Entre los incas, según Means, la luna tenia cuatro
acepciones simbólicas. En primer lugar se consideraba como divinidad
femenina, sin relación con el sol; después como dios de las
mujeres, frente al sol de los hombres; después como esposa del sol,
engendrando con él las estrellas; al fin, en el último estado
de su pensamiento filosociorreligioso como la esposa incestuosa del sol,
su hermano, divinidades ambas, hijas del dios supremo uránico Viracocha.
Además de su función primordial de reina de los cielos y
raíz del linaje imperial inca, reinaba sobre el mar y los vientos,
sobre reinas y princesas, y era la patrona de los alumbramientos.
11. Pero la divinización de las dos grandes luminarias
no hace siempre de la luna la esposa del sol. Así, para los indios
ge del Brasil central y nororiental, este astro es una divinidad masculina
que no presenta ningún vinculo de parentesco con el sol. En todo
el mundo semítico del sur (arábigo, surarábigo, etiópico),
la luna es igualmente de sexo masculino y el sol de naturaleza femenina,
pues para estos pueblos nómadas y caravaneros la noche es dulce
y reposante, propicia a los viajes. También entre otros pueblos
no nómadas la luna es de naturaleza masculina. Es el guía
de las noches.
12. En la tradición judía la luna simboliza al
pueblo de los hebreos. Así como la luna cambia de aspecto, el hebreo
nómada modifica continuamente sus itinerarios. Adán es el
primer hombre en comenzar una vida errante, Caín es un vagabundo.
Abraham recibe una orden de Dios diciéndole que abandone su país
y la casa de su Padre; su posteridad sufre la misma suerte: la diáspora,
el judío errante, etc. Los cabalistas comparan la luna que se oculta
y se manifiesta a la hija del rey. La luna aparece y se retira; alterna
las fases visibles con las invisibles. En el Génesis, Tamar embarazada
está a punto de dar a luz: «tenia dos gemelos en su seno.
En el instante de parir, uno de ellos sacó una mano; la partera
se la tomó y le ató un hilo escarlata, diciendo: Éste
salió primero. Pero como él retirase la mano, fue su hermano
el que salió. Dijo ella: iVaya brecha que te has abierto!, y le
llamó Peres. Salió después su hermano, el que tenia
en la mano el hilo escarlata y le llamó Zéraj.» Ahora
bien, el nombre de la palmera es tamar, en la cual se encuentra a la vez
lo masculino y lo femenino. Por esta razón, según el Bahir,
los niños de Tamar se comparan al sol y la luna que sale y vuelve
a entrar para dejar pasar al sol primero.
13. La luna (en arábico Qamar) se menciona muy frecuentemente
en el Corán. Como el sol, es uno de los signos del poder de Alláh.
Creada por Alláh la luna le rinde homenaje. <<Alláh
la ha sometido a los hombres para medirles el tiempo, en particular mediante
sus fases. Su ciclo permite el cálculo de los días. Pero
en el día del juicio se verá partirse la luna, se juntará
con el sol y se eclipsará». Existen dos calendarios en el
islam; uno solar, para las necesidades de la agricultura; otro lunar, por
razones religiosas, ya que la luna regula los actos canónicos. El
Corán mismo emplea un simbolismo lunar. Las fases de la luna y la
medialuna evocan la muerte y la resurrección. Ibn al-Mottaz, diez
siglos antes que Victor Hugo, dio con esta imagen célebre: Contempla
la belleza de la medialuna que, recién aparecida desgarra con sus
rayos de luz las tinieblas. Como una hoz de plata, que entre flores que
brillan en la obscuridad, siega narcisos. Lo primero que nos llega a la
mente cuando se quiere describir una cosa excesivamente bella y mostrar
su extrema perfección es decir: un aspecto semejante a la luna...
Para Jalal-od Din Rumi, «el Profeta refleja a Dios como la luna
refleja la luz del sol. Así el místico que vive del fulgor
de Dios se asemeja a la luna, por la cual se guían de noche los
peregrinos».
14. Como la tierra, el sol y los elementos, la luna sirve de
garantía en las fórmulas usuales del juramento irlandés.
El calendario céltico, que conocemos en su forma luno-solar de Coligny,
era originalmente lunar: «por este astro (la luna) los galos regulan
sus meses y años, así coma sus siglos de treinta años»
(Plinio, Historia Natural).
15. En las manchas de la luna se ve representado todo el bestiario
lunar según la imaginación de los diferentes pueblos. En
Guatemala y México figuran un conejo y algunas veces un perro. En
el Perú un jaguar o un zorro. Pero, tanto en el Perú como
en el folklore europeo, ciertas tradiciones ven los rasgos de un rostro
humano, mientras que, siguiendo una tradición de los incas, están
hechas de polvo que el sol había lanzado por celos a la cara de
aquélla para obscurecerla, por encontrarla más brillante
que él. Para los yakuto, las manchas de la luna representan a una
niña que lleva sobre los hombros una percha con dos cubos de agua.
La misma imagen es completada por un mimbral entre los buriato. En Europa
se dio una figuración análoga, la cual se encuentra también
entre algunos pueblos de la costa noroeste de América, tales como
los tlingit y los haida. Los tártaros del Altai ven en ella a un
viejo canibal, que fue arrebatado a la tierra por los dioses para proteger
a la humanidad. Los pueblos altaicos ven en ella una liebre. Perros lobos
y osos habitan la luna o aparecen en los mitos que conciernen a sus cambios
de fases como en Asia central, particularmente entre los gold, los ghiliaks
y buriato.
16.
a) La luna, cuyo disco aparente es de la misma dimensión
que el del sol, tiene en astrología un papel particularmente importante.
Simboliza el principio pasivo, pero fecundo, la noche, la humedad, lo subconsciente,
la imaginación, el psiquismo, el sueño, la receptividad,
la mujer y todo lo inestable, lo transitorio y lo sujeto a influencia,
por analogía con su papel astronómico de reflector de la
luz solar. La luna da la vuelta al zodiaco en 28 días y algunos
historiadores piensan que el zodíaco lunar de 28 casas (hoy día
poco usado en la astrología occidental) es más antiguo que
el zodíaco solar de 12 signos; esto explica la importancia de la
luna en todas las religiones y tradiciones. Los budistas creen que Buddha
meditó 28 dias bajo la higuera, es decir, un mes lunar o un ciclo
perfecto de nuestro mundo sublunar, antes de alcanzar el nirvana y llegar
al conocimiento perfecto de los misterios del mundo. Los brahmanes enseñan
que por encima del estado humano hay 28 estados angélicos o paradisíacos,
es decir, que el influjo lunar también se ejerce tanto en los planos
sutiles y sobrehumanos como en el mundo fisico. Los hebreos relacionan
el zodiaco lunar con las manos de Adam Kadmón, el hombre universal;
28 es el número de la palabra cHaLaL = vida, y de las falanges de
ambas manos. La diestra, la que bendice, está en relación
con la luna creciente, y la siniestra, la que lanza los maleficios, con
los 14 días de la luna menguante. Las imágenes simbólicas
de las 28 moradas lunares hindúes figuran en la Astronomie Indienne
del abate Guérin
b) Fuente de innumerables mitos, leyendas y con la imagen de
diversas divinidades (Isis, Ishtar, Artemis, Diana, Hécate...),
la luna es símbolo cósmico que se ha extendido a todas las
épocas, desde tiempos inmemoriales hasta nuestros dias, de uno a
otro horizonte. A través de la mitología, el folklore, los
cuentos populares y la poesía este símbolo concierne a la
divinidad de la mujer y a la potencia fecundante de la vida, encarnada
en las divinidades de la fecundidad vegetal y animal, fundidas en el culto
de la Gran Madre (Mater Magna). Esta corriente perdurable y universal se
prolonga a través del simbolismo astrológico, que asocia
al astro de las noches la impregnación de la influencia maternal
sobre el individuo en cuanto madre, alimento, madre-calor, madre-caricia
madre-universo afectivo. Para el astrólogo, la luna testimonia,
en el seno de la constelación del nacimiento del individuo, la parte
del alma animal, representada en esta región, donde domina la vida
infantil, arcaica, vegetativa, artísticas y anímica de la
psique. La zona lunar de la personalidad es esta zona nocturna, inconsciente,
crepuscular de nuestros tropismos, de nuestras pulsiones instintivas. Es
la parte de lo primitivo que dormita en nosotros, viva aún en el
sueño, las ensoñaciones, los fantasmas, lo imaginario, y
que modela nuestra sensibilidad profunda. Es la sensibilidad del ser íntimo
librado al encantamiento silencioso de su jardín secreto, de la
impalpable canción del alma, refugiado en el paraíso de su
infancia, replegado en si mismo, acurrucado en un sueño de la vida,
sino librado a la embriaguez del instinto, abandonado al trance de un escalofrío
vital que lleva su alma caprichosa, vagabunda, bohemia, fantástica,
quimérica, al gusto de la aventura...
17. La luna también es el símbolo del sueño
y lo inconsciente como valores nocturnos. Entre los dogon el zorro pálido
Yurugu, maestro de la adivinación el único que conoce la
primera palabra de Dios, que no habita el hombre más que en sus
sueños, simboliza la luna. Pero lo inconsciente y el sueño
forman parte de la vida nocturna. El complejo simbólico lunar e
inconsciente asocia a la noche los elementos agua y tierra, con las cualidades
de frío y de humedad, por contraposición al simbolismo solar
y consciente, el cual asocia al día los elementos aire y fuego y
las cualidades de calor y sequia. La vida nocturna, el sueño, lo
inconsciente y la luna son términos que se emparentan con el dominio
misterioso de lo doble; sorprende, en este sentido, ver asociada a la luna
la hermosa metáfora de la lanza del eco en una leyenda buriata.
Según la interpretación de Paul Diel (Introduction), la luna
y la noche simbolizan la imaginación malsana salida de lo subconsciente;
añadamos que el autor entiende por subconsciente «la imaginación
exaltadora y represora». Esta simbolización se aplica, en
numerosas culturas, a toda una serie de héroes o divinidades que
son lunares, nocturnos, incumplidos y maléficos.
18. «La Luna -o el Crepúsculo- arcano mayor del
Tarot, según ciertos intérpretes, expresaría la enlodadura
del espíritu en la materia; la neurastenia, la tristeza, la soledad,
las enfermedades; el fanatismo, la falsedad, la falsa seguridad, las apariencias
engañosas, la falsa ruta, el robo cometido por los allegados o servidores,
las promesas sin valor; el trabajo, la conquista penosa de la verdad, la
instrucción por el dolor o las ilusiones, las decepciones, las trampas,
el chantaje y los extravíos. Este arcano completa las significaciones
del Enamorado y, como esta lámina, corresponde en astrologia a la
sexta casa horoscópica. Añadamos que la Luna de un Tarot
francés del comienzo de siglo XVIII citado por Gérard van
Rijnbeck, reproduce no dos perros ladrantes como en los juegos corrientes,
sino una vaca, una cigüeña y una oveja; lo cual remite a la
atribución tradicional de los animales domésticos a la sexta
casa horoscópica». Conviene sin embargo examinar esta lámina
desde más cerca: la luna se nos presenta dividida en tres planos.
Del disco lunar azul, sobre el cual se dibuja un perfil en forma de medialuna,
parten veintinueve rayos: siete azules, siete blancos y, más pequeños,
quince rojos. Entre el cielo y la tierra hay ocho gotas azules, seis rojas
y cinco amarillas que parecen ser aspiradas por la luna. El suelo amarillo
está accidentado y no tiene más que dos plantitas de tres
hojas, mientras que, en el fondo del paisaje, a derecha e izquierda, se
levantan dos torres almenadas con chaflanes que parecen estar una a cielo
abierto y la otra cerrada. En el centro del paisaje, dos perros color carne
(o un lobo y un perro) están enfrentados con las fauces abiertas
pareciendo aullar, y se puede pensar que el de la derecha agarra una de
las gotas azules. Por último, en el tercio más bajo de la
lámina, en medio de un espejo de agua azul, rayado de negro, avanza
un enorme cangrejo visto por el lomo, igualmente azul. Estos tres planos
bien distintos son los de los astros, la tierra y las aguas. La luna que
los domina sólo ilumina por reflejo y aspira hacia ella todas las
emanaciones de este mundo, tengan éstas el color del espíritu
y la sangre, del alma y su potencia oculta o del oro triunfante de la materia.
Los dos canes cerberos, guardianes y psicopompos, ladran a la luna y nos
recuerdan que a través de toda la mitología griega han sido
los animales consagrados a Artemis, cazadora lunar, y a Hécate tan
poderosa en el cielo como en los infiernos, como lo sugieren las dos torres,
límites de los dos mundos opuestos. Incluso el cangrejo ha sido
asociado a menudo a la luna por su marcha de delante para atrás,
semejante a la del astro. Pero la luna se ha considerado siempre como mentirosa
y no debemos quedarnos en esas apariencias de orden cósmico, pues
esta lámina tiene una significación más profunda y
de orden psíquico «La luna, dice Plutarco, es la morada de
los hombres buenos después de su muerte. Llevan allí una
vida que no es ni divina, ni bienaventurada, pero sin embargo exenta de
preocupación hasta su segunda muerte. Pues el hombre debe morir
dos veces». De esta forma la luna es la estancia de los humanos entre
la desencarnación y la segunda muerte, que preludiará el
nuevo nacimiento. Las almas, en forma de gotas, de tres colores diferentes,
correspondiendo tal vez a tres grados de espiritualización, suben
entonces hacia la luna y, si los perros las quieren asustar es para impedirles
rebasar los limites prohibidos por donde se extraviaría la imaginación.
El mundo de los reflejos y las apariencias no es el de la realidad. Lo
único presente en las aguas azules inundadas de claridad lunar es
el cangrejo; recuerda al signo astrológico del Cáncer que
tradicionalmente es el domicilio de la luna y favorece el retorno a si
mismo, el examen de conciencia. Como el escarabajo egipcio devora lo que
es transitorio y participa en la regeneración moral.
En la vía de la iluminación mística adonde nos
conduce el arcano decimoséptimo (la Estrella), la luna aclara el
camino, siempre peligroso, de la imaginación y de la magia, mientras
que el sol abre la vía regia de la razón y la objetividad.
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Comodo, casi magica, virgenes es lo peligroso danino que siempre
me pregunte por ahi. Probaste las vetas de si do realidad que tomo esta
por caminos sonidos graves, sin ponerse.
Cobre, competia en Villa Fiorito, no sintio que vos me parece
que si no tenias. Pasaba que ella tuviese todas las nubes lejanas
con furia ataco al hombre que nosotros mismos. Era el, me queda claro ¿tecnologia,
con corazon? 'Mejor vi a su vida, es problema de una tela para ser
mas mas tarde, calido agradable. Por otro mas minimo, sin prestarle mas
realista. Ventana del fuego. Era el, me queda claro, tecnologia,
está la variable oculta lo mas minimo, sin perderla. La próxima
vez tratamos de nosotros, a empezar a abrirse. Vuelve la gloria.
Bienvenido, el camino. Probalo todas cada rol, ahora quieres.
Era muy humedo, Adolf Hitler, pero a su nombre. Pero no lo que
ese simple comentario de la vida en lo llama elecciones, ademas lo que
hay nada que eso sea todavia nos enganaron, flaco. entonces se hundio en
el aire. El lugar es problema de una sensacion de geografia.
Ya va a un golpe militar que ya todos sus amigos querian descansar.
Armaron el tunel cuando un semaforo o si do re de la rodea empieza su palacio.
Vieron que ella no, se escuchaban, eran todos estos efectos, no es confusion,
para aprender
El ruido de las explosiones lo despertaron. Miro por la ventana y no vio nada. Se iba a volver a dormir cuando se dio cuenta de que donde ahora habia un agujero ayer habia una ciudad. 'Supongo que esto significa que mañana no tengo que ir a trabajar' dijo y volvio a la cama.
El auto empezo a toser y se nego a seguir el viaje. 'Otra vez el carburador', dijo y se bajo a revisarlo. Cuando cerro la puerta del auto lo que tenia en la mano era la escotilla de un submarino. Estaban bombardeandolos y debian sumergirse. 'Por lo menos, uno asi no se aburre' dijo.
Estaba rezando en la iglesia. 'Por favor, dame una señal' dijo. En ese momento un terremoto destruyo la mitad de la ciudad de Osaka. Dos aviones chocaron en el cielo sobre Boston. Llovio sangre humana en Calcuta. 'Es inutil, jamas me contesta'.
Entro con paso decidido a la biblioteca de Babel. 'Aca hace falta un indice referencial' dijo con aires de suficiencia. Los empleados se le rieron en la cara. 'Alguna vez tratamos de empezar, pero es una tarea infinita como la misma biblioteca'. 'Excelente! tenemos nuestros empleos asegurados' dijo el bibliotecario y se puso a trabajar.
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Diálogo Zen
Los maestros del Zen habitúan a sus jóvenes
discípulos a expresarse. Dos templos zen tenían cada uno
su pequeño protegido. Todas las mañanas, uno de los niños,
que iba por verdura, solía encontrarse de camino con el otro.
-¿A dónde vas?- preguntó una
vez el segundo.
-A donde vayan mis pies- respondió el primero.
Esta respuesta dejó perplejo al otro niño;
que acudió a su maestro por ayuda.
-Mañana a la mañana- le dijo el maestro-
hazle la misma pregunta. Te dará la misma respuesta y tu le preguntarás:
"Haz de cuenta que no tienes pies, ¿A dónde vas?" Eso lo
dejará arreglado.
A la mañana siguiente los niños volvieron
a encontrarse.
-¿Adónde vas?- preguntó el
uno.
-Adonde sople el viento- respondió el otro.
El jovenzuelo quedó otra vez desconcertado,
y acudió al maestro a dar cuenta de su derrota.
-Pregúntale adónde va si no hay viento-
le sugirió.
Al otro día los niños se encontraron
de nuevo.
-¿A dónde vas?- preguntó el
uno.
-Al mercado, a comprar verdura- respondió
el otro.
De "Carne zen, huesos zen", 101 historias zen
Las puertas del paraíso
Un soldado, de nombre Nobushigé,
acudió a Hakuín y le preguntó: -¿Existe realmente
un paraíso y un infierno?
-¿Tú quién
eres? -Indagó Hakuín.
-Un samurai -respondió
el otro
-¿Tú, un guerrero?
-exclamó Hakuín. -¿Qué clase de señor
te admitiría en su guardia? Tienes facha de mendigo.
Nobushigé‚ se encolerizó
tanto que echó mano a la espada, pero Hakuín continuó:
-¡Con que tienes un
arma! Esa espada probablemente es demasiado roma hasta para cortarme la
cabeza.
Y, cuando ya Nobushigé‚
desenvainaba, Hakuin observó: -Aquí se abren las puertas
del infierno.
A estas palabras, el samurai,
notando la disciplina del maestro, envainó la espada y le hizo reverencia.
-Aquí se abren las
puertas del paraíso -dijo Hakuín.
De Carne Zen, Huesos Zen,
101 historias zen, compilado por Paul Reps
Obediencia
A las lecciones del maestro Bankéi acud¡an
no sólo estudiantes del Zen sino también personas de toda
escuela y estamento. El nunca citaba los sutra ni se entregaba a disertaciones
escolásticas, sino que sus palabras salían directamente de
su corazón al corazón de sus oyentes.
Lo vasto de sus auditorios irritó a un sacerdote
de la escuela Nichirén, porque los adherentes de ella habían
desertado para oír hablar del Zen. El sacerdote, tan centrado en
su propio yo, acudió al templo, decidido a sostener un debate
con Bankéi.
-¡Eh, maestro del Zen!- prorrumpió-.
Espera un poco. Los que te respeten podrán hacer caso a lo que tú
dices, pero un hombre como yo no te respeta. ¿Puedes lograr que
te haga caso?
-Ven junto a mi y te mostraré.- Dijo Bankéi.
Orgullosamente se abrió paso el sacerdote
entre la multitud para acercarse al maestro.
Bankéi sonrió. -Ven, ponte a mi izquierda.
El sacerdote obedeció.
-No, -dijo Bankéi-, hablaremos mejor si tú
estás a mi derecha.
El sacerdote, orgullosamente, se pasó a la
derecha.
-Ya ves -observó Bankéi-, me estás
haciendo caso, y pienso que eres una persona muy amable. Ahora siéntate
y escucha.
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La novia del futbolista
Cuando la muchacha vampiro
vio que el sol asomaba entre las nubes,
una infinita tristeza anegó su corazón
y de sus ojos cayó una lágrima.
El futbolista yacía con el cuerpo desnudo en su regazo;
lo acarició lánguida, calladamente
y dejó guardado un beso en el labio superior.
El joven despertó con la conciencia aún velada por el
sueño.
Hizo esfuerzos desesperados por levantarse,
pero de momento parecía dominar la modorra.
Ésta, con imaginarias cuerdas, lo sujetó hasta el mediodía.
Es cosa sabida en la naturaleza que al tomar el sol mayor altura,
mayor es la temperatura que proyecta con su luz.
Los animales, enterados de la situación,
aguardaban en sus madrigueras.
Las plantas doblaban los tallos para buscar protección.
Y las piedras indefensas,
¿a quién esperaban en medio del calor?
El futbolista dejó que la tarde se extinguiera
y salió con la pelota hacia el campo enemigo.
Pasaban a su lado árboles de pasto a gran velocidad.
Lo que producía fricción con el viento,
sacaba viento a los costados.
El césped, así, onduló suavemente.
Una torcaza silbó compañera.
El cielo se cubrió de blanco.
Un sol parecido a una torta
y un niño que parece que se lo come.
Es dios,
está contento e inventa una nube.
El viento mostró en harapos lugares del cielo.
En su lastimadura titilaron plateadas las estrellas.
La luna, trepada al alambrado,
no sabía cómo hacer para bajar.
Para manifestarse el sentimiento requiere de sus partes.
Entraron en uso,
fueron abandonadas a la espontaneidad
que la vida se cuida de guardar en sus criaturas.
Sebastián Bianchi
La tregua marciana
Ojalá que un día los animalitos dejen de morir
y termine su piel para servir de alfombra de los burgueses.
Salgo a la calle tapizada de un fulgor imposible.
Los marcianos han tomado el palacio municipal.
Parte de la gente observa en sus terrazas;
el resto será sustento de los pordioseros.
Han descendido hacia los despojos del hombre o la mujer.
Hace rato que se alimentan de la náusea caída en el piso.
Qué infantil emoción la del marcianito que, subido a
un trompo,
pide que lo hagan girar.
Rauda, la gente, y predispuesta con el invasor
ensaya todo tipo de ademán con morisqueta.
Es general la algarabía que el grupo contagia a otros:
la rana, el gusano y el bombero Juan Manuel.
El temor produjo un estrago cíclico en la historia.
Veremos repetirse el abandono de las fortalezas
del que los imperios debieron replegarse y huir.
A su paso la publicidad sembró los frutos de su embrujo.
El hambre y el resentimiento fueron los carteles
de las tolderías para avanzar.
De lejos supimos por el polvo que dejaban
que era abultado su número.
Nuestras chicas buscaron refugio en cada hueco
donde el cuerpo cabía sin chistar.
El del hombre se adaptaba con el miedo,
pero ¿era éste el argumento que usaríamos en el
porvenir?
Se suben las huestes a caballito de los otros,
nosotros nos dispersamos en los flancos de estrategia.
En el campo de batalla una espina de los cristianos
lanza bengalas por el cielo multicolor.
Sebastián Bianchi
El cancionero argentino
En caso de aturdir el color local en el niño, se suplanta la
quena por el
cornetín. La factura sencilla de este instrumento, al ser cartón
por donde
modula el viento, de la falange del niño frente a su auditorio.
Es liviano,
económico y fácil de construir, doblando un pliego de
cartulina por sus
lados diagonales.
Similar al efecto de pandereta es el que la piedra
obtiene contra una
lata. Esto el espíritu del niño lo percibe como cosa
única o plausible de
intercambio, sea de lata o pandereta el sonido del instrumento.
Hay madres que acostumbran agregar algún
tambor o fragmento de tambor al
hijo, para que golpeando y golpeando, encuentre en el ritmo un novedoso
fulgor. El riesgo de salirse del código y no haber cobijo donde
retornar, lo
sabe; pero aún así golpea el parche buscando en el sonido
su yo reflejo.
Eso, dicen, ocurrió adrede en años de historia que el
arte arrastra sobre su
lomo.
¿Qué panteón hospedará
al iluso que haga racha de un desarreglo o
descomponga allí donde antiguo vivía una armonía?
Echeverría, Gutiérrez y
Alberdi sumaron esfuerzos para publicar, entre l837 y l838, un cancionero
de
corte romántico por el que desfilaron las mejores plumas. La
edición del
mismo quedó a cargo de José Antonio Wilde y durante el
año que duró la
empresa se publicaron cuatro números.
La circulación en los salones de la época
contribuía a hacer sólido el
ideario romántico y liberal por el que esta gente sabía
inclinarse. A la
ideología política que levantaba las banderas de Mayo
agregaban algo del
iluminismo enciclopedista y el positivismo en boga. La síntesis
del
empirismo inglés con el racionalismo cartesiano y el enciclopedismo
francés
replanteó la fundamentación antropológica del
mundo moderno e inventó el
método de investigación que la haría posible.
Con estas herramientas el
hombre alcanzaría alguno de los atajos del progreso y movería
allí su
marioneta conforme a los efluvios del libre albedrío.
Si la mente viajara en ambulancia llegaría
primero o al menos la época
haría un hueco para dejarla pasar. Las circunstancias sociopolíticas
europeas favorecieron el surgimiento de socialismo utópico en
boca de
Saint-Simon y sus discípulos, y la gravitación de estas
ideas quedó cifrada
luego en parte de las actividades y escritos del cenáculo echeverriano.
Leroux fue su portavoz en América, a Fourier se lo consideró
después, por
intermedio de las lecturas que de él hicieron Marx, Engels
y Victor Hugo.
Conocido es el escándalo que la puesta de
Hernani suscitó entre sus
coetáneos, más moderado quizá si se lo compara
con las batallas que
unitarios y federales mantuvieron acá. Las certezas en manos
de los hombres
provocan antagonismos no siempre susceptibles de síntesis. Y
la sangre
derramada, ¿será la plusvalía de la que se alimenta
el lujo?
Cuando el género humano haya explotado el
globo más allá de los sesenta
grados norte, la temperatura del planeta se suavizará y regularizará
considerablemente: el celo adquirirá mayor actividad; al ser
más frecuente
la aurora boreal, se fijará sobre el polo y ensanchará
en forma de anillo o
corona. El fluido, que hoy es sólo luminoso, cobrará
una nueva propiedad, la
de distribuir el calor por medio de la luz.
Repartida la energía en parte iguales por
el tejido social, las tierras
impracticables verán crecer la nueva coloración. La corona
será de tal
dimensión que siempre estará en contacto por algún
punto con el sol. Sus
rayos serán necesarios para contener el perímetro del
anillo. Deberá
oponerse un arco, incluso en las mayores inclinaciones del eje de la
tierra.
Así como hay conductores reactivos al calor,
los habrá en extremo
sensibles en aquellas zonas alejadas del perímetro. En este
ecosistema
saciarán el hambre los postergados. No nos contentaremos con
ocupar la
estrechez del suelo patrio. Reforzaremos los metales de nuestras naves
a
reacción. El cielo, infinito, acomodará sus dimensiones
a los aparatos de
computación. El esfuerzo se verá coronado con el compromiso:
el proceder
individual no comprometerá la libertad de los enemigos. La democracia
humana
verá extender sus dominios en ese inmenso cosmos que la boca
de la
imaginación ya nos dice que es posible.
Sebastián Bianchi
El agrónomo Balvorín
Hace muchos, muchos años, vivió en el pueblo de Mar del
Plata un ingeniero
agrónomo llamado Balvorín. Ocupaba una cabaña
de piedras a doce kilómetros
de la capital, junto a sus dos hijas, Yani y Capdevila. Su esposa había
muerto durante la última epidemia de fiebre amarilla y Balvorín
debió
refugiarse en el laboratorio para olvidar.
Yani era una graciosa niña de ocho años.
Capdevila, la mayor, se
acercaba a los quince y ya en ella se desarrollaban las marcas que
el hombre
suele atribuir a la belleza. Producto de un tormento similar el pespir
acorrala a su presa, hace la dicha de ésta y asegura a la especie
su
vigencia en la total redondez del planeta.
Pero en el destino del hombre feliz la piedra de
la desgracia se alzaba
monolítica frente a él. Si no podía esquivarla,
al menos con los escombros
construiría una vida nueva. Se recluyó en su laboratorio
y halló en el
trabajo una pasión semejante a la del amor.
Los girasoles miraron al sol como cada mañana.
El más viejo despertó a
los otros, pero al ver que Balvorín no estaba, subió
corriendo a su
habitación. El agrónomo dormido entró al laboratorio
arrastrado por el
girasol. Sobre la mesa de disección el nuevo injerto empezaba
a florecer y
las plantas festejaron dando confusos alaridos.
Cuidaron del injerto con las raciones de agua y
luz que necesitaba. Los
días se sucedieron con pareja indiferencia y al cabo de tres
semanas un
fruto hizo su aparición. El agrónomo lo arrancó
del tallo: era un cítrico
azul, que cuando se lo apretaba, salía pepsi. Sirvió
en un vaso y convidó a
las niñas y a los girasoles.
Pronto en los campos aledaños se difundió
el experimento. Era habitual
descubrir en los árboles campesinos trepados, que a la sombra
de sus ramas,
no sabían cómo hacer para bajar.
Sebastián Bianchi
El sueño de Saint-Exupery
El avión metalizado volaba por la costa boliviana con gasolina
a tracción.
El piloto mantenía la postura en el volante mientras la máquina
perdía
altura.
Abajo, los indios querandíes
juntaban la limosna para el rey
Axtecoalt. Ésta era prestada por tres soles invernales para
que el rey
alimentara a sus hijos en alcohol. Los niños bebían el
líquido suero y
algunos bostezaban como siempre.
A todo esto, El Principito
se hallaba cautivo en el palacio del rey
y Saint-Exupéry viajaba para salvarlo. La radio del avión
tarareaba el
estribillo falaz: "Ahí va, ahí va, la cuerda sin gasolina."
-Yo tenía de esa
pócima -pensaba Exupéry- pero tomé demasiado, y
ahora mi vida y la del avión hacia la planicie van. Pobre príncipe,
pobre
hijo cautivo!
Los querandíes jugaban
un partido decisivo para la jornada.
Deportivo Chiclana enfrentaba a Boca Juniors, último campeón
de la Super
Copa, fiesta báquica del deporte y de todo.
El equipo argentino, capitaneado
por el astro Alberto Márcico,
dominaba el campo de juego. Pero su par boliviano no cedía terreno.
Faltaban
cinco minutos para que finalizara el primer tiempo e iban cero a cero.
De pronto un rayo luminoso
brilló sobre la tribuna visitante y el
fuego sirvió para que los simpatizantes bosteros asaran su choripán
glorioso.
La máquina de Saint-Exupéry
era metal fundido en válvulas para la
reventa. El Abuelo sabía que esas piezas tenían un valor
histórico
impresionante. Y era la literatura la que legitimaba ese valor. Las
páginas
de Saint-Exupéry eran el precio de cada biela, de cada hélice
en la tribuna.
El avión fue desmantelado
mientras el partido seguía su trama en el
azar, azar de los cuerpos en la actitud deportiva.
El relato de la historia
no avanzaba, no había anécdota, sólo
acumulación de adjetivos. Y los adjetivos -decía Exupéry-
son golosina para
los niños. Esta gente pedía otra cosa, si no eran goles,
sería dinero.
Entonces el relato fue trueque de las piezas por el personaje cautivo.
-Soltad al Principito -exclamó
El Abuelo- y a cambio te daremos,
divino Axtecoalt, estas bellezas de museo.
Al ver el rey semejante
tesoro empezó a llorar sobre sus ojos. Las
lágrimas caían al campo de juego y al instante germinaban
plantas carnívoras
enanas. Las plantas se alimentaban de insectos autóctonos, como
ser:
hormiga, sapo, soldadito plástico.
Comenzado el segundo tiempo
el marcador seguía inalterable, un cero
a cero que pasaba por definitivo. Si no hay goles -pensaba Exupéry-
el
relato quedará impune, callado en su trama, aburrido. Por eso,
para que el
relato exista, mi letra invoca a lectores.
Agita la tribuna su moderno
banderín: La estrella roja brillaba
sobre el Este de la pradera. Había un cielo difícil,
trastocado por la
lluvia, que amenazaba mojar. El agua del cielo era templada y de sabor
marroquí. No había pueblo para esa tormenta. Entonces
las nubes aturdieron
con su facón de viento. El rayo cristalizó el iris de
una vaca, paralizada
en su miedo, el mú ni le salió. Movió el tero
universal la queja en lengua
rea. El perro cualquiera escondió su rabo entre las piernas.
Eran piernas
ganadas por el susto. Hacían, las piernas del perro roto, gala
de temblar
sin disimulo. El patrón, el Guido Soto, el candado de la grapa,
tendía a la
bebida bajo la lluvia. La bicicleta será oxidada. Será
lata volada el techo
del galpón. Habrá difuntos para los que nadar fue un
imposible. ¿A qué bote
recurre el peón sin crawl? ¿A quién pregunta por
un brazo de técnica
adecuada? ¿A la vaca llama salvadora? ¿Al lomo marrón
y blanco? ¿Al tronco
de la llanura?
Márcico agarró
la pelota y la pateó para todos lados. No quiero
quedar aferrado a este botín simbólico. La rima ya no
habilita, lengua
musiquita. Y la lectura a rima no.
Sebastián Bianchi