Por Fernando Bonsembiante
 

 Estaba cansado. Muy cansado. El día había sido largo, agotador. Desde la mañana se había arrastrado por entre la gente, sentía su propio cuerpo como una molestia, pesado, lento. Había hecho bastante calor, a pesar de ser invierno. Sentía la humedad que se le pegaba al cuerpo, sentía su respiración pesada, lenta. Después de la tensión del día se le hacía difícil entrar en la calma, en el relajamiento, en la quietud. Sólo quería dormir, sentir las suaves sábanas, apoyar la cabeza en la almohada y olvidarse de todo. Podía cerrar los ojos, respirar profundamente, y hundirse en el colchón, protegido por las sábanas, sumergirse más y más en un sueño profundo, un sueño de calma y relajación, un sueño reparador, justamente, reparador de lo que se había roto en el día.
 Con los ojos cerrados, tratando de dormir, oía claramente las canillas que goteaban, los autos y colectivos que pasaban por la calle, oía su respiración, profunda, lenta, tranquila y pausada, y oía con más claridad, ahora, esa voz que lo acompañaba todo el día y que le decía qué tenía que hacer. Podía oír a esa voz diciendo que se calmase, que tomara las cosas con tranquilidad, que enfrentara sus problemas relajado, que se desconecte por un rato de todo, le decía que se enfoque para adentro y olvide sus problemas del día. Aún así escuchaba una segunda voz, que le recordaba qué habá salido mal en el día, le decía que habían cosas para ajustar y mejorar, esa voz no quería que se quede dormido totalmente.
 Así, con ese conflicto dentro, podía dormir, pero no podía evitar pasar una película dentro de su cabeza. En esa película podía verse a si mismo dentro de un gran salon, iluminado por velas, un enorme candelabro lleno de velas, cientos de velas, blancas, todas encendidas y emitiendo una luz anaranjada, un salon con amplias paredes de madera, una gran alfombra roja, y sobre la alfombra roja estaba él, sentado en un sillón, un sillón verde, antiguo, con borlas de hilo blanco algo sucio colgando de sus bordes, ese sillón estaba frente a una gran mesa redonda, de madera, con rayas marrones oscuras y vetas casi negras, sobre la mesa habían fotos, fotos de situaciones del día, cosas que le habían molestado. Podía verse a él mismo viendose a él mismo dentro de esas fotos, y se daba cuenta de que en realidad la situación era más fácil de lo que parecía. Cada vez que agarraba una foto, podía ver como una mini película de lo que había pasado en esa situación, y podía pasarla de adelante hacia atrás y de atrás hacia adelante, mirarla desde todos los puntos de vista hasta que perdía casi totalmente el significado. Así podía darse cuenta, mirando esa absurda película, que en realidad había tratado de hacer lo mejor posible en esa situación, y lo que le había molestado de esa foto en particular había sido que no había logrado el objetivo que deseaba en esa situación específica, así que con cada foto se ocupó primero de buscar cual había sido su intención, qué era lo que había querido lograr con lo que hizo y que luego le molestó que no hubiese funcionado. Sabiendo esa intención, era fácil usar toda su imaginación, su creatividad, su locura, su inventiva, para buscar no una, sino cinco formas distintas para lograr ese mismo objetivo. Claro que con todas las fotos no podía llegar a cinco formas distintas de hacer lo mismo, con algunas se podía imaginar sólo dos y con otras podía imaginarse diez o más formas de hacer lo mismo, de llegar al mismo objetivo de distinta forma. Algunas de las formas que se le ocurrían eran ridículas o interferían con otras cosas que ya sabía hacer bien, enseguida se daba cuenta de eso porque aparecía una vocesita o una imagen o una sensación molesta que le indicaban que había algo mal con esa alternativa, y que debía buscar otra. Pero aún así, cada noche era capaz de revisar todos los eventos del día, como fotos sobre esa mesa de madera, y encontrar nuevas soluciones para los problemas de siempre, o para los problemas nuevos que fueran surgiendo.
 Y así al otro día se despertaba, sabiendo que ese día podía ser mejor que el anterior, y sabiendo que no importaba lo que pasara, a la noche, durmiendo, podía encontrarle nuevas soluciones a los problemas del día y entonces aprender, realmente aprender, de las oportunidades del día.
 

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Luna (Jean Chevalier - Alain Gheerbrant, diccionario de símbolos)

 1. El simbolismo de la luna se manifiesta en correlación con el del sol. Sus dos caracteres más fundamentales derivan, por una parte, de que la luna está privada de luz propia y no es más que un reflejo del sol; por otra parte, de que atraviesa fases diferentes y cambia de forma. Por esto simboliza la dependencia y el principio femenino (salvo excepciones), así como la periodicidad y la renovación. En este doble aspecto es símbolo de transformación y crecimiento.
 2. La luna es un símbolo de los ritmos biológicos: «Astro que crece, decrece y desaparece, cuya vida esta sometida a la ley universal del devenir, del nacimiento y de la muerte... la luna tiene una historia patética lo mismo que la del hombre... pero su muerte no es jamás definitiva... Este perpetuo retorno a sus formas iniciales, esta periodicidad sin fin, hacen que la luna sea por excelencia el astro de los ritmos de la vida... Controla todos los planos cósmicos regidos por la ley del devenir cíclico: aguas, lluvia, vegetación, fertilidad...»
 3. La luna simboliza también el tiempo que pasa, el tiempo vivo del que es la medida por sus fases sucesivas y regulares. «La luna es instrumento de medida universal... El mismo simbolismo vincula entre si la luna, las aguas, la lluvia, la fecundidad de las mujeres, la de los animales, la vegetación, el destino del hombre después de la muerte y las ceremonias de iniciación. Las síntesis mentales posibilitadas por la revelación del ritmo lunar ponen en correspondencia y unifican realidades heterogéneas; sus simetrías de estructura o analogías de funcionamiento no habrían podido descubrirse si el hombre primitivo no hubiera percibido intuitivamente la ley de variación periódica del astro»
 4. La luna también es el primer muerto. Durante tres noches, cada mes lunar está como muerta, desaparece... Posteriormente reaparece y aumenta en brillo. De la misma forma se cree que los muertos adquieren una nueva modalidad de existencia. La luna para el hombre es el símbolo de este pasaje de la vida a la muerte y de la muerte a la vida; también se considera, en bastantes pueblos, como el lugar de este pasaje, al igual que los lugares subterráneos. Por ello «numerosas divinidades lunares son al mismo tiempo ctónicas y funerarias: Men, Perséfone y probablemente Hermes...» El viaje a la luna o incluso la morada inmortal en la luna después de la muerte terrenal se reservan, según ciertas creencias, a los privilegiados: soberanos, héroes, iniciados, magos
 5. La luna es símbolo de conocimiento indirecto, discursivo, progresivo, frío. La luna, astro de las noches, evoca metafóricamente la belleza y también la luz en la inmensidad
tenebrosa. Pero no siendo esta luz más que un reflejo de la del sol, la luna es sólo el símbolo del conocimiento por reflejo, es decir, del conocimiento teórico, conceptual, racional; por ello se relaciona con el simbolismo de la lechuza. También por esta razón la luna es yin con relación al sol yang: es pasiva, receptiva. Es el agua con relación al fuego solar, el frío con relación al calor, el norte y el invierno simbólicos opuestos al sur y al verano.
 6. La luna produce la lluvia; los animales acuáticos, profesa Huai-nan tse, crecen y decrecen con ella. Pasiva y productora de agua, es fuente y símbolo de fecundidad. Se asimila a las aguas primordiales de las que procede la manifestación. Es el receptáculo de los gérmenes del renacimiento cíclico la copa que contiene el licor de inmortalidad: por eso se la llama soma, como este licor. De igual manera, Ibn al-Fand la considera copa que contiene el yin del conocimiento y los chinos ven en ella la liebre que tritura los ingredientes que sirven para preparar el elixir de vida; de ella procede el rocío que posee las mismas virtudes.
 7. En el hinduismo, la esfera de la luna es el término de la vía de los ancestros (pitri-yana). Éstos no están liberados de la condición individual, pero producen el renovamiento cíclico Las formas adquiridas se disuelven en ella, las formas no desarrolladas de ella emanan. Esto evoca el papel transformador de Shiva cuyo emblema es una medialuna. La luna es además el regente de los ciclos hebdomadario y mensual. El movimiento cíclico (fase creciente y menguante) puede relacionarse con el simbolismo lunar de Jano: la luna es a la vez la puerta del cielo y la puerta del infierno, Diana y Hécate, y el cielo de que se trata es la cima del edificio cósmico. La salida del cosmos se efectúa únicamente por la puerta solar. Diana sería el aspecto favorable, Hécate el aspecto temible de la luna.
 8. La fiesta de la luna, cuya diosa es Heng-ugo, es una de las tres grandes fiestas anuales chinas: tiene lugar en el decimoquinto día del octavo mes, en la luna llena del equinoccio de otoño. El sacrificio consiste en frutos, tortas azucaradas que se fabrican y venden en esta ocasión y una rama de flores de amaranto rojo. Los hombres no participan en la ceremonia. Es manifiestamente una fiesta de las cosechas: también aquí la luna es símbolo de fecundidad. La luna es de agua, es la esencia del yin; como el sol, está habitada por un animal, que es una liebre o un sapo. Los pueblos altaicos saludaban la luna nueva pidiéndole felicidad y suerte. Los estonios, los fineses y los yakutos celebran los matrimonios en la luna nueva. También para ellos es símbolo de fecundidad.
 9. A veces la luna está afectada por un símbolo nefasto. Para los samoyedo seria «el ojo malo» de Num (el cielo), cuyo «ojo bueno» sería el sol. Entre los mayas, por ejemplo, el dios Itzamna (casa del resplandor = cielo), hijo del ser supremo se asimila al dios solar Kinich Ahau (Señor-Rostro del sol). Por esto Ixchel, diosa de la luna, era su compañera, pero también su aspecto hostil, malvado, que presenta los mismos rasgos que él, aunque lleva sobre la frente una diadema de serpientes, atributo de las diosas. La luna dirige la renovación periódica, tanto sobre el plano cósmico como sobre el terrestre vegetal, animal y humano. Las divinidades lunares comprendían entre los aztecas a los dioses de la embriaguez, por una parte, ya que el borracho que se duerme y despierta habiéndose olvidado de todo es una expresión de la renovación periódica; por otra parte, porque la embriaguez acompaña los banquetes, los cuales se celebran por las cosechas y son por tanto la expresión de la fertilidad. Se vuelven a encontrar aquí los ritos de siega, presentes en todas las civilizaciones agrarias. Los aztecas llamaban a las divinidades de la embriaguez «los cuatrocientos conejos». Es notoria la gran importancia del conejo en el bestiario lunar. También entre los aztecas la luna es hija de Tlaloc, dios de las lluvias, asociado igualmente al fuego. En la mayor parte de los códices mejicanos la luna se representa con una suerte de recipiente en forma de medialuna, lleno de agua, sobre el cual destaca la silueta de un conejo. Entre los mayas es símbolo de pereza y licencia sexual. También es la patrona de la tejeduría y, a este respecto, tiene la araña como atributo.
 10. Entre los incas, según Means, la luna tenia cuatro acepciones simbólicas. En primer lugar se consideraba como divinidad femenina, sin relación con el sol; después como dios de las mujeres, frente al sol de los hombres; después como esposa del sol, engendrando con él las estrellas; al fin, en el último estado de su pensamiento filosociorreligioso como la esposa incestuosa del sol, su hermano, divinidades ambas, hijas del dios supremo uránico Viracocha. Además de su función primordial de reina de los cielos y raíz del linaje imperial inca, reinaba sobre el mar y los vientos, sobre reinas y princesas, y era la patrona de los alumbramientos.
 11. Pero la divinización de las dos grandes luminarias no hace siempre de la luna la esposa del sol. Así, para los indios ge del Brasil central y nororiental, este astro es una divinidad masculina que no presenta ningún vinculo de parentesco con el sol. En todo el mundo semítico del sur (arábigo, surarábigo, etiópico), la luna es igualmente de sexo masculino y el sol de naturaleza femenina, pues para estos pueblos nómadas y caravaneros la noche es dulce y reposante, propicia a los viajes. También entre otros pueblos no nómadas la luna es de naturaleza masculina. Es el guía de las noches.
 12. En la tradición judía la luna simboliza al pueblo de los hebreos. Así como la luna cambia de aspecto, el hebreo nómada modifica continuamente sus itinerarios. Adán es el primer hombre en comenzar una vida errante, Caín es un vagabundo. Abraham recibe una orden de Dios diciéndole que abandone su país y la casa de su Padre; su posteridad sufre la misma suerte: la diáspora, el judío errante, etc. Los cabalistas comparan la luna que se oculta y se manifiesta a la hija del rey. La luna aparece y se retira; alterna las fases visibles con las invisibles. En el Génesis, Tamar embarazada está a punto de dar a luz: «tenia dos gemelos en su seno. En el instante de parir, uno de ellos sacó una mano; la partera se la tomó y le ató un hilo escarlata, diciendo: Éste salió primero. Pero como él retirase la mano, fue su hermano el que salió. Dijo ella: iVaya brecha que te has abierto!, y le llamó Peres. Salió después su hermano, el que tenia en la mano el hilo escarlata y le llamó Zéraj.» Ahora bien, el nombre de la palmera es tamar, en la cual se encuentra a la vez lo masculino y lo femenino. Por esta razón, según el Bahir, los niños de Tamar se comparan al sol y la luna que sale y vuelve a entrar para dejar pasar al sol primero.
 13. La luna (en arábico Qamar) se menciona muy frecuentemente en el Corán. Como el sol, es uno de los signos del poder de Alláh. Creada por Alláh la luna le rinde homenaje. <<Alláh la ha sometido a los hombres para medirles el tiempo, en particular mediante sus fases. Su ciclo permite el cálculo de los días. Pero en el día del juicio se verá partirse la luna, se juntará con el sol y se eclipsará». Existen dos calendarios en el islam; uno solar, para las necesidades de la agricultura; otro lunar, por razones religiosas, ya que la luna regula los actos canónicos. El Corán mismo emplea un simbolismo lunar. Las fases de la luna y la medialuna evocan la muerte y la resurrección. Ibn al-Mottaz, diez siglos antes que Victor Hugo, dio con esta imagen célebre: Contempla la belleza de la medialuna que, recién aparecida desgarra con sus rayos de luz las tinieblas. Como una hoz de plata, que entre flores que brillan en la obscuridad, siega narcisos. Lo primero que nos llega a la mente cuando se quiere describir una cosa excesivamente bella y mostrar su extrema perfección es decir: un aspecto semejante a la luna...
Para Jalal-od Din Rumi, «el Profeta refleja a Dios como la luna refleja la luz del sol. Así el místico que vive del fulgor de Dios se asemeja a la luna, por la cual se guían de noche los peregrinos».
 14. Como la tierra, el sol y los elementos, la luna sirve de garantía en las fórmulas usuales del juramento irlandés. El calendario céltico, que conocemos en su forma luno-solar de Coligny, era originalmente lunar: «por este astro (la luna) los galos regulan sus meses y años, así coma sus siglos de treinta años» (Plinio, Historia Natural).
 15. En las manchas de la luna se ve representado todo el bestiario lunar según la imaginación de los diferentes pueblos. En Guatemala y México figuran un conejo y algunas veces un perro. En el Perú un jaguar o un zorro. Pero, tanto en el Perú como en el folklore europeo, ciertas tradiciones ven los rasgos de un rostro humano, mientras que, siguiendo una tradición de los incas, están hechas de polvo que el sol había lanzado por celos a la cara de aquélla para obscurecerla, por encontrarla más brillante que él. Para los yakuto, las manchas de la luna representan a una niña que lleva sobre los hombros una percha con dos cubos de agua. La misma imagen es completada por un mimbral entre los buriato. En Europa se dio una figuración análoga, la cual se encuentra también entre algunos pueblos de la costa noroeste de América, tales como los tlingit y los haida. Los tártaros del Altai ven en ella a un viejo canibal, que fue arrebatado a la tierra por los dioses para proteger a la humanidad. Los pueblos altaicos ven en ella una liebre. Perros lobos y osos habitan la luna o aparecen en los mitos que conciernen a sus cambios de fases como en Asia central, particularmente entre los gold, los ghiliaks y buriato.
 16.
 a) La luna, cuyo disco aparente es de la misma dimensión que el del sol, tiene en astrología un papel particularmente importante. Simboliza el principio pasivo, pero fecundo, la noche, la humedad, lo subconsciente, la imaginación, el psiquismo, el sueño, la receptividad, la mujer y todo lo inestable, lo transitorio y lo sujeto a influencia, por analogía con su papel astronómico de reflector de la luz solar. La luna da la vuelta al zodiaco en 28 días y algunos historiadores piensan que el zodíaco lunar de 28 casas (hoy día poco usado en la astrología occidental) es más antiguo que el zodíaco solar de 12 signos; esto explica la importancia de la luna en todas las religiones y tradiciones. Los budistas creen que Buddha meditó 28 dias bajo la higuera, es decir, un mes lunar o un ciclo perfecto de nuestro mundo sublunar, antes de alcanzar el nirvana y llegar al conocimiento perfecto de los misterios del mundo. Los brahmanes enseñan que por encima del estado humano hay 28 estados angélicos o paradisíacos, es decir, que el influjo lunar también se ejerce tanto en los planos sutiles y sobrehumanos como en el mundo fisico. Los hebreos relacionan el zodiaco lunar con las manos de Adam Kadmón, el hombre universal; 28 es el número de la palabra cHaLaL = vida, y de las falanges de ambas manos. La diestra, la que bendice, está en relación con la luna creciente, y la siniestra, la que lanza los maleficios, con los 14 días de la luna menguante. Las imágenes simbólicas de las 28 moradas lunares hindúes figuran en la Astronomie Indienne del abate Guérin
 b) Fuente de innumerables mitos, leyendas y con la imagen de diversas divinidades (Isis, Ishtar, Artemis, Diana, Hécate...), la luna es símbolo cósmico que se ha extendido a todas las épocas, desde tiempos inmemoriales hasta nuestros dias, de uno a otro horizonte. A través de la mitología, el folklore, los cuentos populares y la poesía este símbolo concierne a la divinidad de la mujer y a la potencia fecundante de la vida, encarnada en las divinidades de la fecundidad vegetal y animal, fundidas en el culto de la Gran Madre (Mater Magna). Esta corriente perdurable y universal se prolonga a través del simbolismo astrológico, que asocia al astro de las noches la impregnación de la influencia maternal sobre el individuo en cuanto madre, alimento, madre-calor, madre-caricia madre-universo afectivo. Para el astrólogo, la luna testimonia, en el seno de la constelación del nacimiento del individuo, la parte del alma animal, representada en esta región, donde domina la vida infantil, arcaica, vegetativa, artísticas y anímica de la psique. La zona lunar de la personalidad es esta zona nocturna, inconsciente, crepuscular de nuestros tropismos, de nuestras pulsiones instintivas. Es la parte de lo primitivo que dormita en nosotros, viva aún en el sueño, las ensoñaciones, los fantasmas, lo imaginario, y que modela nuestra sensibilidad profunda. Es la sensibilidad del ser íntimo librado al encantamiento silencioso de su jardín secreto, de la impalpable canción del alma, refugiado en el paraíso de su infancia, replegado en si mismo, acurrucado en un sueño de la vida, sino librado a la embriaguez del instinto, abandonado al trance de un escalofrío vital que lleva su alma caprichosa, vagabunda, bohemia, fantástica, quimérica, al gusto de la aventura...
 17. La luna también es el símbolo del sueño y lo inconsciente como valores nocturnos. Entre los dogon el zorro pálido Yurugu, maestro de la adivinación el único que conoce la primera palabra de Dios, que no habita el hombre más que en sus sueños, simboliza la luna. Pero lo inconsciente y el sueño forman parte de la vida nocturna. El complejo simbólico lunar e inconsciente asocia a la noche los elementos agua y tierra, con las cualidades de frío y de humedad, por contraposición al simbolismo solar y consciente, el cual asocia al día los elementos aire y fuego y las cualidades de calor y sequia. La vida nocturna, el sueño, lo inconsciente y la luna son términos que se emparentan con el dominio misterioso de lo doble; sorprende, en este sentido, ver asociada a la luna la hermosa metáfora de la lanza del eco en una leyenda buriata. Según la interpretación de Paul Diel (Introduction), la luna y la noche simbolizan la imaginación malsana salida de lo subconsciente; añadamos que el autor entiende por subconsciente «la imaginación exaltadora y represora». Esta simbolización se aplica, en numerosas culturas, a toda una serie de héroes o divinidades que son lunares, nocturnos, incumplidos y maléficos.
 18. «La Luna -o el Crepúsculo- arcano mayor del Tarot, según ciertos intérpretes, expresaría la enlodadura del espíritu en la materia; la neurastenia, la tristeza, la soledad, las enfermedades; el fanatismo, la falsedad, la falsa seguridad, las apariencias engañosas, la falsa ruta, el robo cometido por los allegados o servidores, las promesas sin valor; el trabajo, la conquista penosa de la verdad, la instrucción por el dolor o las ilusiones, las decepciones, las trampas, el chantaje y los extravíos. Este arcano completa las significaciones del Enamorado y, como esta lámina, corresponde en astrologia a la sexta casa horoscópica. Añadamos que la Luna de un Tarot francés del comienzo de siglo XVIII citado por Gérard van Rijnbeck, reproduce no dos perros ladrantes como en los juegos corrientes, sino una vaca, una cigüeña y una oveja; lo cual remite a la atribución tradicional de los animales domésticos a la sexta casa horoscópica». Conviene sin embargo examinar esta lámina desde más cerca: la luna se nos presenta dividida en tres planos. Del disco lunar azul, sobre el cual se dibuja un perfil en forma de medialuna, parten veintinueve rayos: siete azules, siete blancos y, más pequeños, quince rojos. Entre el cielo y la tierra hay ocho gotas azules, seis rojas y cinco amarillas que parecen ser aspiradas por la luna. El suelo amarillo está accidentado y no tiene más que dos plantitas de tres hojas, mientras que, en el fondo del paisaje, a derecha e izquierda, se levantan dos torres almenadas con chaflanes que parecen estar una a cielo abierto y la otra cerrada. En el centro del paisaje, dos perros color carne (o un lobo y un perro) están enfrentados con las fauces abiertas pareciendo aullar, y se puede pensar que el de la derecha agarra una de las gotas azules. Por último, en el tercio más bajo de la lámina, en medio de un espejo de agua azul, rayado de negro, avanza un enorme cangrejo visto por el lomo, igualmente azul. Estos tres planos bien distintos son los de los astros, la tierra y las aguas. La luna que los domina sólo ilumina por reflejo y aspira hacia ella todas las emanaciones de este mundo, tengan éstas el color del espíritu y la sangre, del alma y su potencia oculta o del oro triunfante de la materia. Los dos canes cerberos, guardianes y psicopompos, ladran a la luna y nos recuerdan que a través de toda la mitología griega han sido los animales consagrados a Artemis, cazadora lunar, y a Hécate tan poderosa en el cielo como en los infiernos, como lo sugieren las dos torres, límites de los dos mundos opuestos. Incluso el cangrejo ha sido asociado a menudo a la luna por su marcha de delante para atrás, semejante a la del astro. Pero la luna se ha considerado siempre como mentirosa y no debemos quedarnos en esas apariencias de orden cósmico, pues esta lámina tiene una significación más profunda y de orden psíquico «La luna, dice Plutarco, es la morada de los hombres buenos después de su muerte. Llevan allí una vida que no es ni divina, ni bienaventurada, pero sin embargo exenta de preocupación hasta su segunda muerte. Pues el hombre debe morir dos veces». De esta forma la luna es la estancia de los humanos entre la desencarnación y la segunda muerte, que preludiará el nuevo nacimiento. Las almas, en forma de gotas, de tres colores diferentes, correspondiendo tal vez a tres grados de espiritualización, suben entonces hacia la luna y, si los perros las quieren asustar es para impedirles rebasar los limites prohibidos por donde se extraviaría la imaginación. El mundo de los reflejos y las apariencias no es el de la realidad. Lo único presente en las aguas azules inundadas de claridad lunar es el cangrejo; recuerda al signo astrológico del Cáncer que tradicionalmente es el domicilio de la luna y favorece el retorno a si mismo, el examen de conciencia. Como el escarabajo egipcio devora lo que es transitorio y participa en la regeneración moral.
En la vía de la iluminación mística adonde nos conduce el arcano decimoséptimo (la Estrella), la luna aclara el camino, siempre peligroso, de la imaginación y de la magia, mientras que el sol abre la vía regia de la razón y la objetividad.
 
 

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 Comodo, casi magica, virgenes es lo peligroso danino que siempre me pregunte por ahi. Probaste las vetas de si do realidad que tomo esta por caminos sonidos graves, sin ponerse.
 Cobre, competia en Villa Fiorito, no sintio que vos me parece que si no tenias.  Pasaba que ella tuviese todas las nubes lejanas con furia ataco al hombre que nosotros mismos. Era el, me queda claro ¿tecnologia, con corazon?  'Mejor vi a su vida, es problema de una tela para ser mas mas tarde, calido agradable. Por otro mas minimo, sin prestarle mas realista.  Ventana del fuego. Era el, me queda claro, tecnologia, está la variable oculta lo mas minimo, sin perderla. La próxima vez tratamos de nosotros, a empezar a abrirse. Vuelve la gloria.  Bienvenido, el camino. Probalo todas cada rol, ahora quieres.
 Era muy humedo, Adolf Hitler, pero a su nombre. Pero no lo que ese simple comentario de la vida en lo llama elecciones, ademas lo que hay nada que eso sea todavia nos enganaron, flaco. entonces se hundio en el aire. El lugar es problema de una sensacion de geografia.
 Ya va a un golpe militar que ya todos sus amigos querian descansar. Armaron el tunel cuando un semaforo o si do re de la rodea empieza su palacio. Vieron que ella no, se escuchaban, eran todos estos efectos, no es confusion, para aprender

El ruido de las explosiones lo despertaron. Miro por la ventana y no vio nada. Se iba a volver a dormir cuando se dio cuenta de que donde ahora habia un agujero ayer habia una ciudad. 'Supongo que esto significa que mañana no tengo que ir a trabajar' dijo y volvio a la cama.

El auto empezo a toser y se nego a seguir el viaje. 'Otra vez el carburador', dijo y se bajo a revisarlo. Cuando cerro la puerta del auto lo que tenia en la mano era la escotilla de un submarino. Estaban bombardeandolos y debian sumergirse. 'Por lo menos, uno asi no se aburre' dijo.

Estaba rezando en la iglesia. 'Por favor, dame una señal' dijo. En ese momento un terremoto destruyo la mitad de la ciudad de Osaka. Dos aviones chocaron en el cielo sobre Boston. Llovio sangre humana en Calcuta. 'Es inutil, jamas me contesta'.

Entro con paso decidido a la biblioteca de Babel. 'Aca hace falta un indice referencial' dijo con aires de suficiencia. Los empleados se le rieron en la cara. 'Alguna vez tratamos de empezar, pero es una tarea infinita como la misma biblioteca'. 'Excelente! tenemos nuestros empleos asegurados' dijo el bibliotecario y se puso a trabajar.

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Diálogo Zen

    Los maestros del Zen habitúan a sus jóvenes discípulos a expresarse. Dos templos zen tenían cada uno su pequeño protegido. Todas las mañanas, uno de los niños, que iba por verdura, solía encontrarse de camino con el otro.
    -¿A dónde vas?- preguntó una vez el segundo.
    -A donde vayan mis pies- respondió el primero.
    Esta respuesta dejó perplejo al otro niño; que acudió a su maestro por ayuda.
    -Mañana a la mañana- le dijo el maestro- hazle la misma pregunta. Te dará la misma respuesta y tu le preguntarás: "Haz de cuenta que no tienes pies, ¿A dónde vas?" Eso lo dejará arreglado.
    A la mañana siguiente los niños volvieron a encontrarse.
    -¿Adónde vas?- preguntó el uno.
    -Adonde sople el viento- respondió el otro.
    El jovenzuelo quedó otra vez desconcertado, y acudió al maestro a dar cuenta de su derrota.
    -Pregúntale adónde va si no hay viento- le sugirió.
    Al otro día los niños se encontraron de nuevo.
    -¿A dónde vas?- preguntó el uno.
    -Al mercado, a comprar verdura- respondió el otro.

                      De "Carne zen, huesos zen", 101 historias zen
 

        Las puertas del paraíso

        Un soldado, de nombre Nobushigé, acudió a Hakuín y le preguntó: -¿Existe realmente un  paraíso y un infierno?
        -¿Tú quién eres? -Indagó Hakuín.
        -Un samurai -respondió el otro
        -¿Tú, un guerrero? -exclamó Hakuín. -¿Qué clase de señor te admitiría en su guardia? Tienes facha de mendigo.
        Nobushigé‚ se encolerizó tanto que echó mano a la espada, pero Hakuín continuó:
        -¡Con que tienes un arma! Esa espada probablemente es demasiado roma hasta para cortarme la cabeza.
        Y, cuando ya Nobushigé‚ desenvainaba, Hakuin observó: -Aquí se abren las puertas del infierno.
        A estas palabras, el samurai, notando la disciplina del maestro, envainó la espada y le hizo reverencia.
        -Aquí se abren las puertas del paraíso -dijo Hakuín.

        De Carne Zen, Huesos Zen, 101 historias zen, compilado por Paul Reps
 

Obediencia

    A las lecciones del maestro Bankéi acud¡an no sólo estudiantes del Zen sino también personas de toda escuela y estamento. El nunca citaba los sutra ni se entregaba a disertaciones escolásticas, sino que sus palabras salían directamente de su corazón al corazón de sus oyentes.
    Lo vasto de sus auditorios irritó a un sacerdote de la escuela Nichirén, porque los adherentes de ella habían desertado para oír hablar del Zen. El sacerdote, tan centrado en su propio yo, acudió al  templo, decidido a sostener un debate con Bankéi.
    -¡Eh, maestro del Zen!- prorrumpió-. Espera un poco. Los que te respeten podrán hacer caso a lo que tú dices, pero un hombre como yo no te respeta. ¿Puedes lograr que te haga caso?
    -Ven junto a mi y te mostraré.- Dijo Bankéi.
    Orgullosamente se abrió paso el sacerdote entre la multitud para acercarse al maestro.
    Bankéi sonrió. -Ven, ponte a mi izquierda.
    El sacerdote obedeció.
    -No, -dijo Bankéi-, hablaremos mejor si tú estás a mi derecha.
    El sacerdote, orgullosamente, se pasó a la derecha.
    -Ya ves -observó Bankéi-, me estás haciendo caso, y pienso que eres una persona muy amable. Ahora siéntate y escucha.
 
 

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La novia del futbolista

Cuando la muchacha vampiro
vio que el sol asomaba entre las nubes,
una infinita tristeza anegó su corazón
y de sus ojos cayó una lágrima.
El futbolista yacía con el cuerpo desnudo en su regazo;
lo acarició lánguida, calladamente
y dejó guardado un beso en el labio superior.
El joven despertó con la conciencia aún velada por el sueño.
Hizo esfuerzos desesperados por levantarse,
pero de momento parecía dominar la modorra.
Ésta, con imaginarias cuerdas, lo sujetó hasta el mediodía.
Es cosa sabida en la naturaleza que al tomar el sol mayor altura,
mayor es la temperatura que proyecta con su luz.
Los animales, enterados de la situación,
aguardaban en sus madrigueras.
Las plantas doblaban los tallos para buscar protección.
Y las piedras indefensas,
¿a quién esperaban en medio del calor?
El futbolista dejó que la tarde se extinguiera
y salió con la pelota hacia el campo enemigo.
Pasaban a su lado árboles de pasto a gran velocidad.
Lo que producía fricción con el viento,
sacaba viento a los costados.
El césped, así, onduló suavemente.
Una torcaza silbó compañera.
El cielo se cubrió de blanco.
Un sol parecido a una torta
y un niño que parece que se lo come.
Es dios,
está contento e inventa una nube.
El viento mostró en harapos lugares del cielo.
En su lastimadura titilaron plateadas las estrellas.
La luna, trepada al alambrado,
no sabía cómo hacer para bajar.
Para manifestarse el sentimiento requiere de sus partes.
Entraron en uso,
fueron abandonadas a la espontaneidad
que la vida se cuida de guardar en sus criaturas.

Sebastián Bianchi
 
 
 

La tregua marciana

Ojalá que un día los animalitos dejen de morir
y termine su piel para servir de alfombra de los burgueses.
Salgo a la calle tapizada de un fulgor imposible.
Los marcianos han tomado el palacio municipal.
Parte de la gente observa en sus terrazas;
el resto será sustento de los pordioseros.
Han descendido hacia los despojos del hombre o la mujer.
Hace rato que se alimentan de la náusea caída en el piso.
Qué infantil emoción la del marcianito que, subido a un trompo,
pide que lo hagan girar.
Rauda, la gente, y predispuesta con el invasor
ensaya todo tipo de ademán con morisqueta.
Es general la algarabía que el grupo contagia a otros:
la rana, el gusano y el bombero Juan Manuel.
El temor produjo un estrago cíclico en la historia.
Veremos repetirse el abandono de las fortalezas
del que los imperios debieron replegarse y huir.
A su paso la publicidad sembró los  frutos de su embrujo.
El hambre y el resentimiento fueron los carteles
de las tolderías para avanzar.
De lejos supimos por el polvo que dejaban
que era abultado su número.
Nuestras chicas buscaron refugio en cada hueco
donde el cuerpo cabía sin chistar.
El del hombre se adaptaba con el miedo,
pero ¿era éste el argumento que usaríamos en el porvenir?
Se suben las huestes a caballito de los otros,
nosotros nos dispersamos en los flancos de estrategia.
En el campo de batalla una espina de los cristianos
lanza bengalas por el cielo multicolor.

Sebastián Bianchi
 
 
 
 

El cancionero argentino

En caso de aturdir el color local en el niño, se suplanta la quena por el
cornetín. La factura sencilla de este instrumento, al ser cartón por donde
modula el viento, de la falange del niño frente a su auditorio. Es liviano,
económico y fácil de construir, doblando un pliego de cartulina por sus
lados diagonales.
    Similar al efecto de pandereta es el que la piedra obtiene contra una
lata. Esto el espíritu del niño lo percibe como cosa única o plausible de
intercambio, sea de lata o pandereta el sonido del instrumento.
    Hay madres que acostumbran agregar algún tambor o fragmento de tambor al
hijo, para que golpeando y golpeando, encuentre en el ritmo un novedoso
fulgor. El riesgo de salirse del código y no haber cobijo donde retornar, lo
sabe; pero aún así golpea el parche buscando en el sonido su yo reflejo.
Eso, dicen, ocurrió adrede en años de historia que el arte arrastra sobre su
lomo.
    ¿Qué panteón hospedará al iluso que haga racha de un desarreglo o
descomponga allí donde antiguo vivía una armonía? Echeverría, Gutiérrez y
Alberdi sumaron esfuerzos para publicar, entre l837 y l838, un cancionero de
corte romántico por el que desfilaron las mejores plumas. La edición del
mismo quedó a cargo de José Antonio Wilde y durante el año que duró la
empresa se publicaron cuatro números.
    La circulación en los salones de la época contribuía a hacer sólido el
ideario romántico y liberal por el que esta gente sabía inclinarse. A la
ideología política que levantaba las banderas de Mayo agregaban algo del
iluminismo enciclopedista y el positivismo en boga. La síntesis del
empirismo inglés con el racionalismo cartesiano y el enciclopedismo francés
replanteó la fundamentación antropológica del mundo moderno e inventó el
método de investigación que la haría posible. Con estas herramientas el
hombre alcanzaría alguno de los atajos del progreso y movería allí su
marioneta conforme a los efluvios del libre albedrío.
    Si la mente viajara en ambulancia llegaría primero o al menos la época
haría un hueco para dejarla pasar. Las circunstancias sociopolíticas
europeas favorecieron el surgimiento de socialismo utópico en boca de
Saint-Simon y sus discípulos, y la gravitación de estas ideas quedó cifrada
luego en parte de las actividades y escritos del cenáculo echeverriano.
Leroux fue su portavoz en América, a Fourier se lo consideró después, por
intermedio de las lecturas que de él hicieron  Marx, Engels y Victor Hugo.
    Conocido es el escándalo que la puesta de Hernani suscitó entre sus
coetáneos, más moderado quizá si se lo compara con las batallas que
unitarios y federales mantuvieron acá. Las certezas en manos de los hombres
provocan antagonismos no siempre susceptibles de síntesis. Y la sangre
derramada, ¿será la plusvalía de la que se alimenta el lujo?
    Cuando el género humano haya explotado el globo más allá de los sesenta
grados norte, la temperatura del planeta se suavizará y regularizará
considerablemente: el celo adquirirá mayor actividad; al ser más frecuente
la aurora boreal, se fijará sobre el polo y ensanchará en forma de anillo o
corona. El fluido, que hoy es sólo luminoso, cobrará una nueva propiedad, la
de distribuir el calor por medio de la luz.
    Repartida la energía en parte iguales por el tejido social, las tierras
impracticables verán crecer la nueva coloración. La corona será de tal
dimensión que siempre estará en contacto por algún punto con el sol. Sus
rayos serán necesarios para contener el perímetro del anillo. Deberá
oponerse un arco, incluso en las mayores inclinaciones del eje de la tierra.
    Así como hay conductores reactivos al calor, los habrá en extremo
sensibles en aquellas zonas alejadas del perímetro. En este ecosistema
saciarán el hambre los postergados. No nos contentaremos con ocupar la
estrechez del suelo patrio. Reforzaremos los metales de nuestras naves a
reacción. El cielo, infinito, acomodará sus dimensiones a los aparatos de
computación. El esfuerzo se verá coronado con el compromiso: el proceder
individual no comprometerá la libertad de los enemigos. La democracia humana
verá extender sus dominios en ese inmenso cosmos que la boca de la
imaginación ya nos dice que es posible.

Sebastián Bianchi
 
 
 

El agrónomo Balvorín

Hace muchos, muchos años, vivió en el pueblo de Mar del Plata un ingeniero
agrónomo llamado Balvorín. Ocupaba una cabaña de piedras a doce kilómetros
de la capital, junto a sus dos hijas, Yani y Capdevila. Su esposa había
muerto durante la última epidemia de fiebre amarilla y Balvorín debió
refugiarse en el laboratorio para olvidar.
    Yani era una graciosa niña de ocho años. Capdevila, la mayor, se
acercaba a los quince y ya en ella se desarrollaban las marcas que el hombre
suele atribuir a la belleza. Producto de un tormento similar el pespir
acorrala a su presa, hace la dicha de ésta y asegura a la especie su
vigencia en la total redondez del planeta.
    Pero en el destino del hombre feliz la piedra de la desgracia se alzaba
monolítica frente a él. Si no podía esquivarla, al menos con los escombros
construiría una vida nueva. Se recluyó en su laboratorio y halló en el
trabajo una pasión semejante a la del amor.
    Los girasoles miraron al sol como cada mañana. El más viejo despertó a
los otros, pero al ver que Balvorín no estaba, subió corriendo a su
habitación. El agrónomo dormido entró al laboratorio arrastrado por el
girasol. Sobre la mesa de disección el nuevo injerto empezaba a florecer y
las plantas festejaron dando confusos alaridos.
    Cuidaron del injerto con las raciones de agua y luz que necesitaba. Los
días se sucedieron con pareja indiferencia y al cabo de tres semanas un
fruto hizo su aparición. El agrónomo lo arrancó del tallo: era un cítrico
azul, que cuando se lo apretaba, salía pepsi. Sirvió en un vaso y convidó a
las niñas y a los girasoles.
    Pronto en los campos aledaños se difundió el experimento. Era habitual
descubrir en los árboles campesinos trepados, que a la sombra de sus ramas,
no sabían cómo hacer para bajar.

Sebastián Bianchi
 
 
 

El sueño de Saint-Exupery

El avión metalizado volaba por la costa boliviana con gasolina a tracción.
El piloto mantenía la postura en el volante mientras la máquina perdía
altura.
        Abajo, los indios querandíes juntaban la limosna para el rey
Axtecoalt. Ésta era prestada por tres soles invernales para que el rey
alimentara a sus hijos en alcohol. Los niños bebían el líquido suero y
algunos bostezaban como siempre.
        A todo esto, El Principito se hallaba cautivo en el palacio del rey
y Saint-Exupéry viajaba para salvarlo. La radio del avión tarareaba el
estribillo falaz: "Ahí va, ahí va, la cuerda sin gasolina."
        -Yo tenía de esa pócima -pensaba Exupéry- pero tomé demasiado, y
ahora mi vida y la del avión hacia la planicie van. Pobre príncipe, pobre
hijo cautivo!
        Los querandíes jugaban un partido decisivo para la jornada.
Deportivo Chiclana enfrentaba a Boca Juniors, último  campeón de la Super
Copa, fiesta báquica del deporte y de todo.
        El equipo argentino, capitaneado por el astro Alberto Márcico,
dominaba el campo de juego. Pero su par boliviano no cedía terreno. Faltaban
cinco minutos para que finalizara el primer tiempo e iban cero a cero.
        De pronto un rayo luminoso brilló sobre la tribuna visitante y el
fuego sirvió para que los simpatizantes bosteros asaran su choripán
glorioso.
        La máquina de Saint-Exupéry era metal fundido en válvulas para la
reventa. El Abuelo sabía que esas piezas tenían un valor histórico
impresionante. Y era la literatura la que legitimaba ese valor. Las páginas
de Saint-Exupéry eran el precio de cada biela, de cada hélice en la tribuna.
        El avión fue desmantelado mientras el partido seguía su trama en el
azar, azar de los cuerpos en la actitud deportiva.
        El relato de la historia no avanzaba, no había anécdota, sólo
acumulación de adjetivos. Y los adjetivos -decía Exupéry- son golosina para
los niños. Esta gente pedía otra cosa, si no eran goles, sería dinero.
Entonces el relato fue trueque de las piezas por el personaje cautivo.
        -Soltad al Principito -exclamó El Abuelo- y a cambio te daremos,
divino Axtecoalt, estas bellezas de museo.
        Al ver el rey semejante tesoro empezó a llorar sobre sus ojos. Las
lágrimas caían al campo de juego y al instante germinaban plantas carnívoras
enanas. Las plantas se alimentaban de insectos autóctonos, como ser:
hormiga, sapo, soldadito plástico.
        Comenzado el segundo tiempo el marcador seguía inalterable, un cero
a cero que pasaba por definitivo. Si no hay goles -pensaba Exupéry- el
relato quedará impune, callado en su trama, aburrido. Por eso, para que el
relato exista, mi letra invoca a lectores.
        Agita la tribuna su moderno banderín: La estrella roja brillaba
sobre el Este de la pradera. Había un cielo difícil, trastocado por la
lluvia, que amenazaba mojar. El agua del cielo era templada y de sabor
marroquí. No había pueblo para esa tormenta. Entonces las nubes aturdieron
con su facón de viento. El rayo cristalizó el iris de una vaca, paralizada
en su miedo, el mú ni le salió. Movió el tero universal la queja en lengua
rea. El perro cualquiera  escondió su rabo entre las piernas. Eran piernas
ganadas por el susto. Hacían, las piernas del perro roto, gala de temblar
sin disimulo. El patrón, el Guido Soto, el candado de la grapa, tendía a la
bebida bajo la lluvia. La bicicleta será oxidada. Será lata volada el techo
del galpón. Habrá difuntos para los que nadar fue un imposible. ¿A qué bote
recurre el peón sin crawl? ¿A quién pregunta por un brazo de técnica
adecuada? ¿A la vaca llama salvadora? ¿Al lomo marrón y blanco? ¿Al tronco
de la llanura?
        Márcico agarró la pelota y la pateó para todos lados. No quiero
quedar aferrado a este botín simbólico. La rima ya no habilita, lengua
musiquita. Y la lectura a rima no.

Sebastián Bianchi