El camino, por Fernando Bonsembiante

 Estaba subiendo una escalera. Ya había olvidado dónde empezaba esta escalera. Tenía una cierta idea de una ciudad atrás suyo y una ciudad adelante suyo. La ciudad de atrás estaba hecha de piedras color arena, piedras y adobe pintado de cal blanca. Recordaba el verde de la plaza, vista desde la terraza de un bar, con un vaso lleno de cerveza color ámbar en la mano, fría, húmeda, mientras esuchaba una música suave y a gente hablando en inglés y en alemán. Desde esa terraza había visto la puesta del sol, sobre la ciudad, en esa terraza, sentado cómodamente en una silla de madera, mirando la gente pasar por la plaza, escuchando las voces en idiomas conocidos y desconocidos, sintiendo el viento frío que empezaba a soplar en todo el valle que contenía a la ciudad como si fuera una gran olla, había planeado el viaje, a pie, que ahora estaba haciendo en la escalera.
 Recordaba claramente el libro, letras negras sobre fondo blanco, y las fotos de piedras y más piedras color arena, piedras enormes, recordaba claramente los diagramas, líneas negras sobre un fondo blanco, que mostraban como esas piedras, vistas de muy cerca, formaban calles y edificios, y esas calles y edificios formaban una ciudad, y esa ciudad formaba un dibujo de un puma, visto desde muy alto, visto desde el cielo, la ciudad donde estaba esa plaza, esa terraza, esa cerveza.
 También podía recordar las fotos de otras piedras, enormes, color arena, podía recordar también los diagramas, negro sobre blanco, que explicaban cómo esas otras piedras también formaban una ciudad con edificios, templos, plazas, y terrazas, pero muy distintas a la otra ciudad, por lo menos distintas a lo que era ahora la ciudad de donde había salido antes de subirse a esta escalera, infinita. Esos diagramas explicaban cómo la ciudad que era su destino, también vista desde arriba, desde el cielo, formaba una imagen, de un cóndor, un ave con sus alas desplegadas, volando.
 Ahora podía saber que estaba en una escalera, subiendo, subiendo, desde un puma hacia un cóndor, subiendo, lentamente, por una escalera. Era tán fácil olvidarse de todo, olvidarse de la ciudad puma, olvidarse de la ciudad cóndor, mirar la escalera, y subir. Un paso, un escalón. Otro paso, otro escalón. Los escalones eran de piedra, con formas irregulares. Si miraba hacia arriba podía ver una cima, como si fuese el final del camino, pero cada vez que llegaba a esa cima veía que la escalera seguía, y había otra cima más adelante, donde también era fácil imaginar el fin del camino, y equivocarse nuevamente, porque en ese lugar no había ninguna ciudad con forma de cóndor, no habían piedras apiladas formando edificios y plazas. También podía ver, de vez en cuando, pequeños edificios de piedra, con ventanas con una forma extraña, como un rectángulo pero con su base más grande que la parte de arriba, una forma ideal para resistir terremotos, la explicación por la cual la ciudad del cóndor estaba todavía entera, la explicación por qué la ciudad del puma se había tratado de sacudir los edificios de adobe como si fuesen pulgas, y casi lo había logrado, dejando sólo su alma de piedra de pie.
 Pero, ahora estaba en la escalera. Mientras subía, podía imaginarse que cada escalón irregular de piedra era de un color distinto. Ahora estaba en un escalón rojo. Ese color le recordaba la seguridad, la supervivencia. Sabía que el camino era peligroso. Habían oído que estaba lleno de ladrones. Habían visto algunos animales salvajes. Sentía frío y calor intermitentemente, el sol le pegaba en la cabeza y el viento lo congelaba. Pero el rojo de ese escalón le daba confianza, era un rojo cálido y protector. El segundo escalón era de color naranja. Ese color le recordaba el placer y la emoción. Sabía que gracias a ese color rojo que había visto antes, podía disfrutar de ese naranja que veía ahora, podía disfutar de ver esas montañas grises y esas plantas verdes, podía disfrutar de la experiencia del camino y emocionarse con la expectativa de llegar a la ciudad cóndor. Podía oír su voz cantando y sentir el placer de el esfuerzo que estaba haciendo. El siguiente escalón, el tercero, era color amarillo. Ese color le sugería que podía interpretar que gracias a la roja seguridad que podía sentir y el naranja placer que disfrutaba era consciente de su propio y amarillo poder personal, el poder que le permitía decidir hacer este camino y llegar hasta su fin, saber que tenía todos los recursos necesarios para poder subir la escalera completa, escalón tras escalón, paso a paso, centímetro a centímetro, metro a metro, lentamente, hasta recorrer los kilómetros que lo separaban de su meta, hasta subir los kilómetros de altura y luego volverlos a bajar. El cuarto escalón era verde. Un verde como el de las plantas que lo rodeaban, plantas que se movían lentamente con el viento, un viento que susurraba suavemente, en sus oídos, y ese color verde le hacía sentir, bien adentro suyo, en su corazón, una vibración, como una mariposa aleteando, una sensación agradable, sabiendo que el rojo de la seguridad lo protegía, que el naranja del placer le daba fuerzas para seguir, que le amarillo de su poder personal le daba la seguridad de que podía hacerlo, y ese verde que ahora lo envolvía lo conectaba con los seres que lo rodeaban, podía comprender las necesidades de los demás y sus propias necesidades, y saber, darse cuenta, de que el universo es un lugar amable, que podía descubrir cómo aprender a amar incluso a sus problemas y dificultades, y así transformarlos mágicamente en sus aliados. El quinto escalón era de color azul, y cuando pensaba en ese color, sabiendo que el rojo lo protegía, que el naranja le hacía sentir felicidad, que el amarillo le hacía sentir su poder, y que el verde lo conectaba con su entorno, el azul le daba ganas de comunicar a todos los que lo rodeaban que estaba bien, que estaba feliz, que podía con este camino, que entendía los motivos de los demás y los aceptaba, y que podía, si quería, transmitir esas ideas, imágenes, palabras, sonidos, sensaciones, a los demás, para que también entiendan lo que estaba en su cabeza y en su cuerpo y en su corazón. Sabía que de esa forma podía atreverse a pisar, firmemente, el escalón número seis, que era de color índigo, un azul tipo violeta luminoso y atractivo, ese color le animaba a dejar volar su imaginación, como si fuese un pájaro con alas de color índigo y su cuerpo formado por plumas rojas, naranjas, amarillas, verdes y azules, un pájaro que cantaba con seguridad, con placer, cantaba una canción de poder y amor, una canción que comunicaba su intuición, comunicaba lo que podía ver con el ojo de su mente. Con ese ojo había imaginado este camino, en esa terraza, mirando a esa plaza y escuchando a la gente hablar con acentos duros y complicados. Con ese ojo había visto la ciudad del cóndor, ya que no podía verla con los otros ojos antes de hacer el camino, podía verla con ese tercer ojo, el ojo de su mente, imaginarla, ver las piedras, sentir, en su imaginación, la textura de los edificios, suaves, como una caricia, oír el viento entre las montañas que protegían a la ciudad cóndor, oler ese aire de montaña y sentir el gusto del agua de un arroyo que bajaba de las altas cumbres, haciendo un ruido silencioso, todo en su imaginación, porque este tercer ojo, este ojo de la mente, le permitía no sólo ver lo que él quería lograr, ver los objetivos antes de ni siquiera empezar a subir por la escalera que lo llevaría al logro del objetivo, además de verlo podía oírlo en su mente, podía sentirlo, olerlo y gustarlo en su mente. Incluso podía sentir el cansancio y la felicidad de haber llegado al objetivo antes de salir, simplemente usando la intuición del ojo de su mente. Y ahora estaba listo para subir un último escalón, podía sumar el color rojo de la seguridad, podía incluír el naranja del placer y la emoción, podía agregar el amarillo de la convicción de poder lograr su objetivo, podía también mezclar el verde de su amor y compasión por los demás seres sensibles y vivientes, podía encender esa luz azul de su palabra y su comunicación, podía ver el índigo de su imaginación, y lograba un color blanco, un blanco violáceo, un blanco casi fosforecente, un blanco luminoso, claro, con la máxima claridad, un color que iluminaba todas las cosas y lo hacía sentir seguro, con placer y poder, le hacía oír las vibraciones del universo a su alrededor y oír las palabras que salían de su mente y le daban ánimos, las palabras de los demás que lo apoyaban y ayudaban y alentaban, podía iluminar con ese blanco la escena que había creado con el ojo de su mente, iluminar las sensaciones, iluminar los sonidos, iluminar hasta los olores y gustos, iluminar las formas que veía en su mente y formaban su objetivo, porque todo objetivo empieza como un sueño, al que se le van agregando los detalles de color, forma, movimiento, sonido, armonía, música, temperatura, textura, peso, aroma, gusto, densidad, ubicación, y todos los detalles que convierten al sueño en algo real, y luego, iluminándolo con ese blanco cósmico, y sabiendo que el universo está de nuestro lado para ayudarnos a lograr ese objetivo, podemos olvidarnos del objetivo y simplemente dedicarnos a lograrlo, sabiendo que la mayor parte del trabajo va a hacerse sin necesidad de preocuparse porque tenemos la ayuda de esa mente que es el universo, y de esa otra mente que contiene a nuestra mente, esa mente que no conocemos pero que llevamos a todas partes.
 Por supuesto que llegó a la ciudad cóndor. Cuando llegó pudo comprobar que las piedras eran más suaves, más amarillas, más silenciosas que lo que había imaginado en su mente, en esa terraza en la ciudad puma, y podía comprobar que el cansancio era también mayor y que el placer era todavía mayor que el cansancio y que el camino había valido la pena, y podía darse cuenta de que el camino había sido mucho más importante de lo que le había parecido, porque todos piensan en la ciudad pero pocos se detienen a disfrutar del camino en sí y de descubrir los tesoros que hay en el camino, tesoros que podemos llevarnos en nuestra mente y que nos van a servir para poder pasar el siguiente camino, y el siguiente a ese, y el otro, y el de más allá, y más allá.
 

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Cómo preparar Hidromiel
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Esta bebida alcohólica fue consumida por los sajones hasta la Edad Media.
He aquí una versión moderna de la receta.

 INGREDIENTES:
 2 kg. de Miel
 60 g. de Lúpulo
 La cáscara de 3-4 Limones
 Una pequeña bolsa de tela

Cose el lúpulo y las cáscaras de limón a la bolsa. Mezcla la miel con 3,5  litros de agua y hiérvela durante una  hora y media; quita la espuma que se  forme en la superficie. Agrega la bolsa y su contenido. Deja que se enfríe.
Cuando esté fría, viértela en una garrafa (si es de barro, mejor) y cierra herméticamente. Déjala reposar durante 8-9 meses antes de consumirla.
 

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                    SIETE SONETOS MEDICINALES

                             ALMAFUERTE

         I. Avanti!         II. Piu Avanti!
         III. Molto Piu Avanti!
         IV. Molto Piu Avanti Ancora!
         V. Molt¡simo Piu Avanti Ancora!
         VI. Vera Violeta!
         VII. La Yapa!
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              AVANTI !

Si te postran diez veces, te levantas
otras diez, otras cien, otras quinientas;
no han de ser tus caídas tan violentas
ni tampoco, por ley, han de ser tantas.

Con el hambre genial con que las plantas
asimilan el humus avarientas,
deglutiendo el rencor de las afrentas
se formaron los santos y las santas.

Obcecación asnal, para ser fuerte,
nada más necesita la criatura,
y en cualquier infeliz se me figura
que no mellan los garfios de la suerte ...

Todos los incurables tienen cura
cinco minutos antes de su muerte !
 
 

II

          PIU AVANTI !

No te des por vencido, ni aún vencido,
no te sientas esclavo, ni aún esclavo;
trémulo de pavor, piénsate bravo,
y acomete feroz, ya mal herido.

Ten el tesón del clavo enmohecido
que ya viejo y ruin, vuelve a ser clavo;
no la cobarde estupidez del pavo
que amaina su plumaje al primer ruido.

Procede como Dios que nunca llora;
o como Lucifer, que nunca reza;
o como el robledal, cuya grandeza
necesita del agua, y no la implora...

Que muerda y vocifere vengadora,
ya rodando en el polvo, tu cabeza !
 
 

III

       MOLTO PIU AVANTI !

Los que viertan sus lágrimas amantes
sobre las penas que no son sus penas;
los que olvidan el son de sus cadenas
para limar las de los otros antes;

los que van por el mundo delirantes
repartiendo su amor a manos llenas,
caen, bajo el peso de sus obras buenas,
sucios, enfermos, trágicos, sobrantes.

Ah! Nunca quieras remediar entuertos;
nunca sigas impulsos compasivos;
ten los garfios del Odio siempre activos
y los ojos del juez siempre despiertos...

y al echarte en la caja de los muertos,
menosprecia los llantos de los vivos !
 

IV

     MOLTO PIU AVANTI ANCORA !

Esta vida mendaz es un estrado
donde todo es estólido y fingido,
donde cada anfitrión guarda escondido
su verdadero ser tras el tocado:

No digas tu verdad ni al más amado,
no demuestres temor ni al más temido,
no creas que jamás te hayan querido
por más besos de amor que te hayan dado.

Mira cómo la nieve se deslice
sin una queja de su labio yerto,
cómo ansía las nubes del desierto
sin que a ninguno su ansiedad confíe:

Maldice de los hombres, pero ríe;
vive la vida plena, pero muerto.
 

V

  MOLTISIMO PIU AVANTI ANCORA !

Si en vez de las estúpidas panteras
y los férreos, estúpidos leones,
encerrasen dos flacos mocetones
en la frágil cárcel de las fieras:

No habrían de yacer noches enteras
en el blando pajar de sus colchones,
sin esperanzas ya, sin reacciones,
lo mismo que dos plácidas horteras;

Cual Napoleones pensativos, graves,
no como el tigre sanguinario y maula,
escrutarían palmo a palmo su aula,
buscando las rendijas, no las llaves...

Seas el que tú seas, ya lo sabes:
a escrutar las rendijas de tu jaula !
 

VI

          VERA VIOLETA

En pos de su nivel se lanza el río
por el gran desnivel de los breñales;
el aire es vendaval, y hay vendavales
por la ley del no fin, del no vacío;

la más hermosa espiga del estío
ni sueña con el pan en los trigales;
el más dulce panal de los panales
no declaró jamás: yo no soy mío;

y el sol, el padre sol, es raudo foco
que fomenta la vida en la Natura,
por calentar los polos no se apura,
ni se desvía un ápice tampoco:

Todo lo alcanzarás, solemne loco...
siempre que lo permita tu estatura !
 

VII

            LA YAPA

Como una sola estrella no es el cielo,
ni una gota que salta, el Océano,
ni una falange rígida, la mano,
ni una brizna de paja, el santo suelo:

tu gimnasia de jaula no es el vuelo,
el sublime tramonto soberano,
ni nunca podrá ser anhelo humano
tu miserable personal anhelo.

Qué saben de lo eterno las esferas ?
de las borrascas de la mar, las gotas ?
de puñetazos, las falanges rotas ?
de harina y pan, las pajas de las eras ?...

Detén tus pasos Lógica, no quieras
que se hagan pesimistas los idiotas !
 

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Arthur C. Clarke, fragmento de ´la ciudad y las estrellas´
 

 Contempló al robot que había traído de Lys, mientras buscaba el modo de dar el paso siguiente. Podía reaccionar violentamente si sabia lo que él estaba planeando, y era esencial, por lo tanto, que no oyera su conversación con la Computadora Central. - ¿Puedes establecer una zona de silencio? - preguntó. Percibió instantáneamente la inequívoca sensación de vacío, el blanco total de sonido que se producía cuando uno se encontraba dentro de tales zonas. La voz de la Computadora, curiosamente opaca y siniestra, dijo: --’Ahora nadie puede oírnos. Di lo que quieras. Alvin echó una mirada sobre el robot; no se había movido. Tal vez no tenía sospechas, tal vez él se equivocaba al atribuirle planes propios. Quizá lo había  seguido a Diaspar como cualquier sirviente fiel y confiado; en ese caso, los planes de Alvin parecerían una trampa muy sucia. - Ya debes saber cómo encontré  este robot - empezó Alvin -. Posee, sin duda, invalorable información sobre el pasado, desde los días en que esta ciudad, tal como la conocemos, no existía aún. Hasta puede saber de otros mundos, puesto que siguió al Maestro en todos sus viajes. Infortunadamente, sus circuitos parlantes están bloqueados. No sé hasta dónde llega el poder de ese bloqueo, pero te pido que los despejes. Su voz sonaba apagada y vacía, puesto que la zona de silencio absorbía cada palabra antes de que pudiera formar un eco. Esperó ansiosamente en aquel vacío invisible y sin resonancias, a que su pedido fuera satisfecho o rechazado. - Tus órdenes implican dos problemas - replicó la computadora -. Uno es moral, el otro técnico. Ese robot fue diseñado para obedecer Las órdenes de un hombre determinado. ¿Qué derecho tengo a invalidarlas, aun si puedo hacerlo? Alvin había  previsto esa objeción, y tenía varias respuestas preparadas. - No sabemos exactamente  en qué consistía la prohibición del Amo - replicó -. Si puedes hablar con el robot, tal vez lo convenzas de que ya han cambiado las circunstancias ’en las que el bloqueo le fue impuesto. Era, por supuesto, el enfoque obvio. Alvin lo había  intentado sin éxito, pero la Computadora Central, con sus recursos mentales infinitamente mayores, podía  lograr que él no consiguiera. - Eso depende por completo de la naturaleza del bloqueo - fue la respuesta -. Es posible instalar un bloqueo que borre el contenido de las células de memoria, en .caso de que se lo fuerce. Sin embargo, me parece difícil que el Maestro tuviera la suficiente habilidad como para hacer tal cosa; requiere técnicas especializadas. Preguntaré a tu máquina si se ha instalado un circuito eliminador en sus unidades de memoria.. - ¿No podría ocurrir que la eliminación se provocara. con sólo preguntar si existen circuitos eliminadores? - preguntó Alvin, alarmado. - Hay un procedimiento común para esos casos y es el que yo seguiré. Daré instrucciones secundarias ordenando a la máquina que ignore mi pregunta si el sistema, es de esa clase. Así resulta simple ponerla ante una paradoja lógica; desobedecerá sus instrucciones tanto si me responde como si no lo hace. En esos casos, todos los robots actúan de idéntica manera para su propia protección. Liberan los circuitos de entrada y actúan como si no se les hubiera formulado ninguna pregunta. Alvin lamentó haber planteado el tema, y, tras una breve vacilación, decidió adoptar las mismas técnicas, fingiendo que nunca había formulado la pregunta. Por lo menos, quedaba confirmado que la Computadora Central estaba preparada para manejar cualquier artimaña instalada en las unidades de memoria del robot. Alvin no deseaba que la máquina quedara reducida a un montón de chatarra ; antes bien, prefería devolverla a Shalmirane con, su secreto intacto. Esperó, tan pacientemente como pudo, mientras se producía el silencioso e impalpable encuentro de inteligencias. Era un contacto entre dos mentes, ambas creadas por el genio humano en los siglos dorados de sus :grandes logros, ambas más allá de la comprensión de cualquier hombre viviente. Varios minutos después, la voz hueca de la Computadora Central volvió a hablar. - He establecido un contacto parcial - dijo -. Al menos conozco la naturaleza del bloqueo, y creo saber por qué se instaló. Sólo hay un modo de quebrarlo. Este robot no volverá a hablar hasta que los Grandes regresen a la Tierra. - ¡Pero eso es una tontería! - protestó Alvin -. El otro discípulo del Maestro también creía en eso, y trató de explicar .cómo eran. No hizo sino divagar la mayor parte del tiempo. Los Grandes nunca existieron ni existirán Parecían haber llegado a un punto muerto, y Alvin sintió un amargo desaliento.Se veía privado de la verdad por los deseos de un hombre demente, muerto mil millones de años antes. - Tal vez tengas razón cuando dices que los Grandes nunca existieron - dijo la Computadora Central -. Pero eso no significa que no existan en el futuro. Hubo otro largo silencio, mientras Alvin estudiaba el significado de ese comentario; en tanto, las mentes de los dos robots volvieron a establecer su delicado contacto. Y entonces, sin aviso de ninguna especie, se encontró en Shalmirane.

Nada había  cambiado desde la última vez; la gran concavidad de ébano absorbía toda la luz del sol, sin reflejar un destello. Estaba entre las ruinas de la fortaleza, frente al lago, en cuyas aguas inmóviles flotaba el pólipo gigante,.no ya bajo la forma de un ser organizado y sensible, sino en nubes de animálculos dispersos. El robot estaba aún ante él, pero no había señales de Hilvar. De todos modos, no tuvo tiempo de preguntarse qué significaba aquello, ni de preocuparse por la ausencia de su amigo: casi de inmediato ocurrió algo tan fantástico que borró de su mente cualquier otro pensamiento. El cielo comenzó a abrirse en dos. Una fina banda de oscuridad se levantó desde el horizonte hacia el cenit, y fue ensanchándose lentamente, como si la noche y el caos se abatieran sobre el universo. Inexorablemente, la banda se expandió hasta abarcar la cuarta parte del. cielo, A pesar de todos sus conocimientos sobre los hechos verdaderos revelados por la astronomía Alvin no pudo resistir la sobrecogedora impresión de que él y su mundo estaban cobijados por una gran cúpula azul, y que algo estaba penetrando en esa cúpula, proveniente del exterior. La banda nocturnal había dejado de crecer. Los poderes que la provocaran estaban observando el universo de juguete que acababan de descubrir, y tal vez conferenciaban entre ellos, para decidir si merecía  o no su atención. Bajo ese escrutinio cósmico Alvin no sintió alarma ni terror, Sabía que estaba cara a cara frente al poder y la sabiduría ante las cuales se puede sentir respeto,  pero no temor. Estaban decididos: malgastarían algunos fragmentos de la eternidad en la Tierra, en sus habitantes. Entonces penetraron por la ventana que habían abierto en el cielo. Se volcaron hacia la Tierra como chispas provenientes de alguna forja celeste Entraban en grupos más y más numerosos hasta que parecieron derramarse desde la altura como una cascada de fuego, para formar charcos de luz líquida al llegar al suelo. En los oídos  de Alvin, como una bendición, sonaron palabras que ya no eran necesarias para comprender: - Los Grandes han venido. El fuego lo alcanzó, pero no quemaba. Caía por doquier, llenaba el gran cuenco de Shalmirane con su resplandor dorado. Maravillado, Alvin notó que no era una corriente de luz informe, sino que tenía forma y estructura. Comenzó a resolverse en siluetas distintas, a reunirse en remolinos vertiginosos. Los remolinos giraban a más y más velocidad sobre sus ejes con sus centros elevándose hasta formar columnas dentro de las cuales Alvin pudo distinguir misteriosas formas evanescentes. De aquellos totems centelleantes brotó una leve nota musical, infinitamente distante, hechiceramente dulce: - Los Grandes han venido. Esa vez hubo una respuesta. Alvin oyó: - Los servidores del Maestro los saludamos. Esperábamos su llegada. Y supo que las barreras habían caído. En ese momento, Shalmirane y sus visitantes desaparecieron, y se encontró una vez más ante la Computadora Central, en las profundidades de Diaspar. Todo había sido sólo una alucinación no más real que el fantástico mundo de las sagas en el que pasara tantas horas de su juventud. Pero ¿cómo había sido creada, y de dónde habían surgido aquellas imágenes extrañas? - Era un problema desacostumbrado - dijo la suave voz de la Computadora  Central -. Sabia que el robot debía tener algún concepto visual de los Grandes. Si lograba hacer coincidir las impresiones sensoriales con esa imagen, el resto sería simple. Y cómo lo conseguiste? - Básicamente, preguntando al robot cómo eran los Grandes, y dando forma al esquema de sus pensamientos. El esquema era muy incompleto, y tuve que improvisar bastante Una o dos veces, el cuadro que yo creaba comenzó a apartarse mucho de sus conceptos, pero en esos casos pude notar la perplejidad del robot, y modificar de inmediato la imagen, antes de que empezara a sospechar. Sabrás que yo puedo emplear cientos de circuitos mientras que él sólo dispone de uno, y pasar de una imagen a otra con tanta rapidez que el cambio resulta imperceptible. Fue una especie de conjuro; logré saturar los circuito sensoriales del robot y sobrepasar sus facultades críticas. Lo que viste fue sólo la imagen final corregida, la que mejor se ajustaba a la revelación del Maestro. Fué elemental, pero bastó. El robot se sintió convencido de su autenticidad durante el tiempo indispensable para levantar el bloqueo, y en ese momento pude establecer completo contacto con su mente. Ha recuperado la razón y responderá a cuantas preguntas quieras plantearle. Alvin no salía de su aturdimiento; aún brillaba en su mente el resplandor de aquel apocalipsis ficticio, y no comprendía por entero las explicaciones de la Computadora Central. Pero eso no tenia importancia; se había realizado un milagro terapéutico, y las puertas del conocimiento estaban abiertas a su paso. Entonces recordó la advertencia de la Computadora Central, y preguntó, ansioso: -- ¿Qué ocurrió con las objeciones morales que tenías con respecto a desautorizar las órdenes del Maestro? - He descubierto por qué las impuso. Cuando examines su vida en detalle, como podrás hacerlo ahora, sabrás que afirmaba haber realizado varios milagros. Los discipulos le creían, y esa convicción acrecentó su poder. Pero todos esos milagros, por supuesto, tenían explicaciones simples, y en otros casos ni siquiera existían Me extraña que hombres inteligentes pudieran dejarse engañar en esa forma. - ¿Quieres decir que el Maestro era un impostor? - No, no es tan sencillo. Si hubiese sido sólo un impostor, no habría logrado tanto éxito, y su movimiento no hubiese durado tanto. Era un buen hombre, y muchas de sus enseñanzas eran sabias y auténticas, acabó por creer en sus propios milagros; pero existía un testigo capaz de refutarlos: el robot, que sabia todos sus secretos, que era su portavoz y su colega y que, sin -embargo, podía destrozar los fundamentos de su poder bajo un interrogatorio intenso. Por eso le ordenó no revelar sus recuerdos sino en el último día del universo, cuando llegaran los Grandes. Es difícil creer que un mismo hombre haya podido combinar a tal extremo el engaño con la sinceridad pero así fue. Alvin se preguntó qué sentiría el robot ante esa liberación de los antiguos votos. Debía ser una máquina lo bastante compleja como para sentir rencor. Tal vez estuviera furiosa contra el Maestro por haberla esclavizado e igualmente colérica por que Alvin y la Computadora Central la hubiesen obligado con artimañas a recuperar la normalidad. La zona de silencio quedó anulada ; ya no había  necesidad de secretos. Alvin, viendo que el momento esperado había  llegado por fin, se volvió hacia el robot para formularle una pregunta, la misma que venia acosándolo desde que escuchara la historia del Maestro. Y el robot respondió

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"Don Juan me guió a aceptar la idea de que el infinito era una fuerza que tenía voz y que estaba consciente de sí misma. A consecuencia, me había preparado para estar atento a esa voz y siempre actuar con eficacia, pero sin antecedentes, usando cuanto menos posible el apoyo del a priori."

Carlos Castaneda, El lado activo del infinito
 

Ensoñar es un arte, descubierto por los videntes del México antiguo, en el que suspendemos nuestras interpretaciones usuales, permitiendo que surja una nueva manera de responder al mundo que nos rodea.

Don Juan Matus, heredero cultural de aquellos videntes, les dijo a sus cuatro discípulos - Carlos Castaneda, Taisha Abelar, Florinda Donner-Grau y Carol Tiggs- que el ensoñar puede ocurrir tanto cuando estamos dormidos como cuando estamos despiertos. Ensoñar, dijo, es poder percibir más de lo que creemos posible percibir, y es actuar de maneras que van más allá de nuestra capacidad habitual.

La atención del ensueño, sostenía don Juan, se forja durante las horas de vigilia, al intentar un nuevo sentido de propósito y asombro en nuestros pensamientos y en nuestras acciones - el sello de lo que los videntes llaman conciencia acrecentada o ensoñar despiertos.

El ensueño y el ensoñar despiertos, dijo don Juan, no se aprenden, se intentan, es decir, se logran al despertar nuestro vínculo natural con la fuerza vibratoria de inteligencia del universo, que los videntes llaman el lado activo del infinito o el intento.

En este seminario, los aprendices de los cuatro estudiantes de don Juan guiarán a los participantes en la realización de actividades que acrecientan nuestra conciencia del intento que impulsa nuestras acciones, y en la práctica de pases mágicos que vuelven a despertar nuestro vínculo con la fuerza vibratoria del intento a través de la vibración del sonido.

Los pases mágicos son movimientos corporales, posturas y respiraciones que los videntes del México antiguo descubrieron en su ensueño y que se practican por el efecto extraordinario que tienen sobre el bienestar, el vigor y la conciencia. La versión moderna de estos movimientos se llama Tensegridad: una combinación de tensión e integridad: las dos fuerzas impulsoras de los pases mágicos y del ensueño. La tensión, en el caso del ensueño, se refiere a la intensa concentración y propósito, así como también al asentimiento que éste requiere. Integridad es permitir que el intento del infinito penetre todas nuestras acciones.

Los pases mágicos, les dijo don Juan a sus discípulos, pueden traer el sentido del ensueño a nuestras acciones cotidianas, y la energía para escuchar la vibración del intento mismo - lo que los ensoñadores del México antiguo llamaban la voz del vidente interno.

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Los pases mágicos son movimientos corporales, posiciones y respiraciones descubiertas en estados denominados de ensueño por hombres y mujeres videntes, también conocidos como navegantes de la conciencia, que vivían en México en tiempos antiguos. Aquellos hombres y mujeres encontraron que estos movimientos les producían un bienestar y una claridad de conciencia tales que los llamaron pases mágicos, y trabajaron sin cesar para llevarlos a su conciencia de vigilia, durante la cual los practicaban constantemente como parte de sus actividades diarias.
Fue don Juan Matus, un indio yaqui de Sonora, México, heredero de un linaje de videntes que comenzó en el México antiguo, quien enseñó estos pases mágicos, entradas en nuevos estados de conciencia, a sus discípulos Carlos Castaneda, Florinda Donner-Grau, Taisha Abelar y Carol Tiggs. Los cuatro aprendices de don Juan decidieron terminar con el tradicional secreto de los pases mágicos y hacerlos públicos, y así nació su forma moderna: la Tensegridad. Este término combina las palabras tensión e integridad, que describen perfectamente las fuerzas diferentes y complementarias que impulsan los pases mágicos.
Los encargados de enseñar Tensegridad son los aprendices de los cuatro discípulos de don Juan: las practicantes femeninas conocidas como las Rastreadoras de Energía, y los practicantes masculinos llamados los Elementos.
Bajo las supervisión de las discípulas femeninas de don Juan, estos instructores enseñan los pases mágicos presentados en los cuatro videos y en el libro Pases mágicos de Carlos Castaneda, y dan conferencias sobre el camino del guerrero en seminarios patrocinados por Cleargreen en los Estados Unidos, en Latinoamérica y en Europa.
Un pase mágico clave que se enseña y practica en los seminarios de Tensegridad, es la recapitulación: revisión sistemática de las interacciones ocurridas en la propia vida, que se ejecuta acompañada por una técnica específica de respiración, y que se realiza con el propósito de adquirir conciencia del curso de la propia vida y poderla así orientar en una nueva dirección.
A través del aprendizaje abierto, que la enseñanza de la Tensegridad posibilita, a las Rastreadoras de Energía y a los Elementos se unen los practicantes de pases mágicos de diversas partes del mundo, para realizar aquello a lo que Carlos Castaneda se refería como la configuración energética de nuestro tiempo: un cuerpo unificado de practicantes de pases mágicos.

Muchos practicantes han preguntado:¿Por qué hay tanto énfasis en la actividad grupal? ¿No es acaso el camino del guerrero una empresa solitaria?
Por cierto que lo es. Para los discípulos de don Juan y para sus aprendices, la contradicción lo es sólo en tanto sintaxis de nuestra lengua. En verdad, no hay grupo, en el sentido en que entendemos "grupo" en nuestra vida cotidiana. Cada uno de nosotros se halla solo frente al infinito. Lo que se quiere significar con "participantes en un ensueño de grupo" es un cuerpo de individuos ligados no por lazos u objetivos sociales, sino por el propósito abstracto que comparten: el propósito de la libertad de la percepción: percibir más de lo que estamos entrenados a creer que es posible percibir. Para aparecer en un ensueño de grupo, dijo Carlos Castaneda, uno debe estar energéticamente disponible, lo que significa que uno puede suspender el juicio, suspender las interpretaciones habituales que uno tiene, a fin de permitir la posibilidad de que se abran nuevas avenidas para la percepción y para la acción.
 

Cleargreen es la organización a la que Carlos Castaneda y sus colegas encargaron la producción de seminairos y videos de los pases mágicos y del camino del guerrero.
El nombre Cleargreen (Verde Claro) proviene de la creencia que los videntes tienen acerca de que en una época la tonalidad de la energía de los seres humanos era verde clara color emblemático de los que los videntes llaman propósito inflexible: el rasgo que, creían aquellos videntes, separa al hombre de otras especies de esta tierra.
Organizando y patrocinando los seminarios de los pases mágicos, Cleargreen, junto con los instructores de los pases mágicos, sirve de coordinador abstracto del cuerpo de practicantes de los pases mágicos, incluyendo los numerosos grupos de práctica que existen en el mundo.

Los grupos de práctica de Tensegridad comenzaron a organizarse cuando Carlos Castaneda le pidió a los participantes de un seminario de pases mágicos, que continuaran, por un determinado período de tiempo, con la práctica exclusiva de las series que habían aprendido allí. Así lo hicieron, y lo que Carlos Castaneda vio fue un aumento marcado de la memoria cinestésica y de la conciencia de esos participantes, a la vez que el comienzo de un nuevo consenso con respecto al intento. Comenzaron a surgir otros grupos, y ahora existen grupos en todo el mundo. Por naturaleza, estos grupos se organizan por sí solos, y sus miembros individuales son responsables de sus actividades. Están autorizados para compartir con otros practicantes ciertos pases mágicos aprendidos en los seminarios, aclarando expresamente que son practicantes y no instructores, y para cobrar solamente las sumas necesarias para alquilar el local de práctica. Cada tanto, estos grupos organizan eventos de práctica más amplios, en los cuales practican pases mágicos que han aprendido en seminarios patrocinados por Cleargreen.
Cleargreen invita a quienes participan en los grupos de práctica a participar en una nueva empresa: participar en la navegación de todo el cuerpo de practicantes, al comunicarnos a nosotros y comunicarse unos a otros lo que experimentan y perciben a través de la práctica de los pases mágicos y de la recapitulación, tanto en los grupos de práctica y en los eventos como en su práctica individual.

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